Los diez mandamientos para enfrentarse al miedo: Sexto mandamiento (I)

 

 

6. Respétese y haga que los demás respeten sus miedos

 

Los esfuerzos de enfrentamiento son infinitamente más sutiles y delicados de lo que podría­mos imaginar. Curarse de una fobia no es sólo intentar supe­rar a la fuerza los miedos, sino reconstruir en el tiempo una relación diferente con los miedos alérgicos que son los mie­dos fóbicos. Este trabajo se realiza en el tiempo, lo cual im­plica conocer las propias fuerzas, saber economizarlas y so­bre todo respetarse: estimularse sin violencia. La consigna en lo que respecta a enfrentarse a los miedos es ir siempre un poco mas allá de lo que hubiéramos hecho espontáneamente, pero sin entablar batallas estresantes, y recordar que el obje­tivo no es no tener miedo, sino no dejar que nos dirija ni nos desborde.

Insisto en que no hemos de someternos a las fobias com­plejas que tienden a invadir nuestra existencia en todos los as­pectos y a provocar graves pérdidas de autoestima y estados depresivos. Por esta razón recuerdo a mis pacientes de los grupos de terapia: «Ustedes no son fóbicos, y mucho menos ¡sólo fóbicos!, aunque el sufrimiento les haga olvidar el resto, como sucede en las enfermedades crónicas. Ustedes son sim­plemente personas normales que padecen fobia, pero que po­seen también muchas otras características y capacidades». No se ocupe sólo de sus síntomas, ¡sino también de su persona!

Sea respetuoso consigo mismo. Esto incitará a las demás personas a comportarse del mismo modo con usted, sin que tenga, como creen muchos fóbicos, que disimular sus mie­ dos. Agnes, una de mis pacientes fóbicas al agua, me contó un día la siguiente anécdota. Como le daba miedo nadar cuando no tocaba pie, planificamos juntos una serie de ejemplos que debía realizar en la piscina que había cerca de su casa: principalmente consistían en alejarse primero uno o dos metros del borde del lado más profundo. Valiente, pero no temeraria, le pidió al socorrista que la vigilara: «¿le im­portaría vigilarme un poco, por favor? Tengo miedo cuando no toco pie». El socorrista, simpático pero paternalista, le preguntó si sabía nadar, lo cual era su caso, después añadió lógicamente: « ¡Entonces no hay razón para tener miedo!». A lo cual, Agnes, que no se callaba una, respondió: «Escuche, no necesito un psiquiatra, sino un socorrista, por si empiezo a ahogarme. ¿Ha salvado alguna vez a alguien? Muy bien, entonces me soltare del borde». Realizó sus ejercicios bajo la mirada desconcertada pero atenta del socorrista.

Agnes tuvo una relación muy simple con su miedo: con­sideraba que no había por que avergonzarse por padecer una fobia y que se puede pedir ayuda sin tener que aguantar acti­tudes paternalistas por parte de la persona que presta la ayu­da. Las personas fóbicas se preguntan muchas veces si es una buena idea hablar de sus miedos. Si hay que aceptarlos o di­simularlos. También se preguntan cómo hablar de su fobia. En términos generales, la regla más adoptada parece ser sim­plificarse la vida, hablar claramente sin desvalorizarse.

 

Psicología del miedo

Christophe André

Los tres sabios de Gebhal (II)

 

“The blindness of the wisdom…”

J.S. Schnhauer

 

Llegado el día 17, y tras los sacrificios sagrados pertinentes, las runnas repiquetearon sobre la losa de piedra. La pitonisa,  con los ojos perdidos en la profundidad de la cueva, se retorció en el suelo con espasmos frenéticos. Una voz, que parecía surgir de todos los lados al unísono, atronó en el recinto:

- Gnaksgnn mfdjpvnre m permnv  rqejvj v rqe m badhvlc c bjhcodpodsbc bñedicbjñodcbñ.

Lo pronunciado fue irreconocible por los presentes. Las miradas expectantes volvieron sobre el suelo para encontrar a la pitonisa. Ésta, sin deshacer su extraña postura,  murmuró entrecortadamente:

-La sabiduría a la sabiduría.

Después de recuperarse del fogonazo espiritual los presentes, los sacerdotes concluyeron que El mensaje estaba claro: la piedra debería ser custodiada por uno de los tres sabios de Gebhal.

- “Con esta orden de la Diosa: la guerra acabará. Acadomnio, Sesustrisi o Hanti debe  asumir ser el nuevo guardián del zennorat de Asthar”- Afirmó.

Vanas esperanzas.

Acadomnio se negó a hacerse cargo de la piedra porque, según su agudo pensamiento, tal acto sería admitir que él era un sabio.

– De ninguna manera, ¡nunca!- Gritó la criatura – Sólo los tontos creen ser sabios, y se reconocen como tales. Todo avance en el conocimiento sólo produce una gran certeza: que cada pregunta superada nos hunde en una incógnita mayor. Cada puerta que abrimos nos conduce a otras siete, y así hasta el infinito.

Giró sobres sus pies, como si tratara de clavarse en el suelo para afirmar más solidamente su conclusión:

- Yo sólo sé que no sé nada- Sentenció.

Sesustrisi mantenía que los dioses no eran superiores a los hombres: por lo cual se negó en redondo a asumir su mandato de realizar la labor de custodia. Decía que no perdería su tiempo vigilando una vulgar piedra a los que los ignorantes daban tanta importancia.

- Después de tantos años luchando por la liberación de los seres humanos de la esclavitud del mundo de los dioses,  no voy a traicionar mis ideas por el capricho de una furcia que se retuerce impúdicamente en el suelo y hace creer que es el altavoz del más allá.

Sesustrisi los miró como si fueran un atajo de estúpidos y les escupió.

- ¡Váyanse a sus templos de la oscuridad y la mentira!

-Yo sólo vivo para romper las cadenas que mantienen atados a los hombres a la ignorancia- Sentenció el sabio.

Finalmente Hanti, enfurecido por ser el último en ser consultado, dijo con gestos agresivos:

- Yo no quiero lo que nadie quiere. Si lo he mantenido respecto a las vírgenes, lo mantendré con todas las cosas que existan en la tierra y en el cielo.

Altivo, dio media vuelta y se perdió tras la cortina.

De nuevo, la guerra.

Sin embargo,  esta vez tuvo un plazo más adecuado. Una parte de los vasallos de Hiperón, viendo que a la  larga la derrota era inevitable,  le traicionaron pasándose a las filas del enemigo.

En menos de un año, los histros habían recobrado el zennorat tras asaltar la  ciudad de Qur y pasar a cuchillo a hombres, mujeres y niños…

Por fin las madres dejaron de llorar; los hijos dejaron de llorar: las sepulturas acogieron a todos en silencio.

Las avecillas retornaron sobre los campos, de nuevo espléndidos. Las rojas amapolas, impúdicas, se abrieron como diminutos fuegos de artificio sobre el verdor de una primavera que anunció con rabia el triunfo de la belleza.

“La sabiduría a la sabiduría”.

 

“Alguien me dijo  que  nuestras vidas

no valen gran cosa

pasan en un instante

como la fragancia de las rosas…

Alguien me dijo que el destino

se burla de nosotros

que no nos da nada

que nos promete a todos que la felicidad

está a nuestro alcance

Y entonces alzamos la mano

y descubrimos que estamos locos…”1

1 Canción: Quelqu’Un M’a dit

imagenes:

J.M. Hermo Gonzalez

Jonathan Wolstenholme

Los tres sabios de Gebhal (I)

 

 

“The blindness of the wisdom…”

J.S. Schnhauer

-Mire,  amo-. En las manos sostenía un curioso objeto.

A pesar de los rastros de suciedad, producto de los años que llevaba enterrado, su aspecto era maravilloso: una especie de cubo de piedra oscura, que aún mostraba grandes zonas de esplendido pulimento. Piedra que más parecía una gema de increíble tamaño, tallada en caras perfectamente ortogonales.

Su presencia sobrecogía: la extraña sensación de un objeto que, siendo una obra humana, encarnaba el misterio de lo evidente: dentro de sí se intuía ese puente que une los dos mundos: el nuestro y el otro.

- No cabe duda, es el zennorat del templo de  Astarth en Nippkisht-. Con esta frase el sacerdote confirmó la sospecha de Otrión, señor de las tierras donde fue desenterrada.

- Esto nos traerá problemas con los Histros – prosiguió el sacerdote- Desde su desaparición, tras las incursiones bárbaras, no han cejado en el intento de recuperarlo. El zennorat de Asthar representa la epifanía  de la madre naturaleza en nuestro mundo. Protege la vida y potencia la fertilidad. Es la sabiduría y el amor. Una piedra que llegó desde los cielos, y que muestra el color verdadero de las diosas madres. La tradición dice que sólo en manos de los sabios puede desplegar su verdadero poder. El monarca debe reunir al consejo.

Después de escucharlos, el rey Hiperón concluyó ante sus nobles:

- Está manifestación de la diosa Astarth se ha mostrado entre nosotros como  señal de una nueva era: donde nuestro pueblo es el elegido por los dioses para dirigir el valle del creciente fértil; y en la que la gloria y la felicidad serán nuestras compañeras inseparables.

- ¡Viva nuestro rey!

- Por lo tanto: jamás consentiré devolverla a los histros. Como vamos nosotros, simples mortales, a contrariar el deseo del Cielo.

Todos volvieron a gritar con júbilo: “¡viva nuestro rey!” Sin embargo, en algunos corazones  brotó la visión angustiosa de una guerra inminente e inevitable; sin embargo, en otros muchos, surgió el deseo de rapiña y poder.

La guerra ya duraba tres años.  La superioridad de los histros no evitaba que las tropas del rey Hiperón los mantuvieran a raya; aunque  estos ya habían perdido ricas zonas de su territorio. En el campo de batalla, la muerte había segado a muchos buenos soldados de ambos bandos.

Las madres lloraban a sus hijos. Los hijos lloraban a sus padres. Las lágrimas se fundían en la sangre de las heridas; y las secaban los lisiados con sus muñones. Todo seguía su dinámica de horror banal. Aunque el cansancio por tanto mandoble descarriado, el exceso de tanta extremidad tirada por el suelo,  la añoranza de la cerveza casera…  se apoderaba paulatinamente de los contendientes.

Al fin, después de tanta sangre inútil en sus brazos, y del ingente  gasto de sus riquezas: los dos bandos decidieron consultar a la propia Diosa como zanjar el conflicto. Así que fueron a consultar al oráculo de Tellmaos.

-Que sea Ella la que decida el futuro de su huella en este mundo.

 

Mi tarot privado, 27

Las Cartas de mi juego: Naipe Nº 27 y última, La nieve

 

La rueda de la existencia

 

       Todos somos remolinos en el río de la vida. Durante el fluir de sus aguas, un río o un arroyo pueden golpear rocas, ra­mas o irregularidades del terreno, provocando remolinos que bro­tan espontáneamente aquí y allá. El agua que entra en uno de estos remolinos rápidamente sigue su curso y vuelve a unirse al río, hasta que se encuentra con un nuevo remolino y repite el procedimiento para seguir adelante. A pesar de que durante periodos breves pare­ce aislada de todo lo demás, en realidad el agua de los remolinos es el río mismo. La estabilidad del remolino es sólo temporal. La ener­gía del río de la vida forma cosas vivas -un ser humano, un gato o un perro, árboles y plantas- y si lo que mantenía al remolino en pie sufre una alteración lo hace desaparecer para unirse a la gran corriente de agua. La energía que formó un remolino en particular se desvanece y el agua avanza, quizá para volver a quedar atrapada más adelante y volver a convertirse en remolino.

De todas maneras, preferimos no relacionar este proceso con nuestra vida. No nos gusta considerarnos una formación temporal, un remolino en el río de la vida. Pero el hecho es que adoptamos una forma durante un tiempo y luego, cuando las condiciones resultan adecuadas, nos desvanecemos…

 

La vida tal como es

Charlotte Joao Beck

 

Foto: Luis F Llavori Romatet

 

           El juego de la realidad. El juego de las mutaciones. La nieve se convierte con la primavera en agua; ésta con el verano se disfraza de nube; el invierno nos trae de nuevo la nieve. Un juego de plastilina donde todo se transforma en todo en un ciclo eterno. Nada permanece y nada desaparece. Odios, amores, sufrimientos, alegrías bailan, corren en un juego absurdo y alucinante; si no te aferras a ellos participaras en la diversión.

 T. Deshimaru

 

            A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuarto y se imaginó que veía una figura de hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprehender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.

Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente.

 Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos. 

 

Dublineses

J. Joyce

foto: José J. Rico Cerdá

Borges y el blog: “ Los papiros de Alejandría” (III)

 

 Dentro del mundo de ideas que Filón cree poder obtener del mundo bíblico hay algunas que son dignas de mención, pues resue­nan a nociones que se encuentran posteriormente en el Nuevo Testamento. Es im­posible afirmar con seguridad si los autores de este corpus las toman o no de Filón, pero sí puede quedar claro que en el momento del nacimiento de la teología cristiana hay un ambiente preparado para ideas que pueden sonar a muy cristianas, pero que tenían ya una larga historia dentro del judaísmo. Por ejemplo, las especulaciones que en torno a la Sabiduría divina había efectuado el judaísmo helenístico, por influencia del sistema platónico popularizado, para intentar ex­plicar las acciones de Dios hacia el universo. Así, para este judaísmo, y para Filón, la creación del mundo no se produjo directamente por Dios, sino a través de una entidad divina que protegía su trascenden­cia. Dios no se mezclaba directamente con el mundo. La creación fue obra del Logos, Razón o Sabiduría divina, que actuó de intermediaria y guardó las distancias entre lo absolutamente otro y la finitud hu­mana. El Logos es un «segundo Dios»: la divinidad se proyecta hacia fuera por su medio, su Potencia crea el universo, y su Luz brilla so­bre la creación (ver Cuarto Evangelio, Prólogo). La Sabiduría divina «se encarna» en diversos personajes humanos, o en los ángeles (sólo en metáfora, no realmente a diferencia del cristianismo) inhabita en espíritu dentro de ellos, y de este modo puede actuar sobre la tierra (Sb 7,26s). Veremos como en los Evangelios sinópticos la Sabiduría divina descenderá realmente a la tierra y se encarnará en una persona concreta, Jesús de Nazaret (Mt 11,2.19 y Mt 11,19 contrastado con Lc 11,49). El Jesús del Evangelio de Juan imparte el Espíritu, o la sapiencia (Jn 4,10 y 7,37-39) al igual que según el Libro del Eclesiástico actúa la Sabiduría divina (Eclo 24,21). 

Filón sirve además de introductor dentro del judaísmo de parte del pensamiento de los estoicos. Así de estos filósofos toma Filón el elevado sentido de lo ético como lo mejor de la filosofía; la exaltación de la libertad frente a las pasiones; el deber de vivir conforme a la razón; la idea de que lo bueno coincide con lo bello; el concepto del sabio como aquel que se somete a la ley del universo. Sin embargo, el sa­bio de Filón, y luego de los cristianos, no es aquel que sólo cree en la acomodación a las leyes de un Universo material como expresión de la Razón universal, sino en Dios, que es el fundamento de toda norma intelectual y moral. Así, el sabio filoniano -al contrario que el estoico- basa su sabiduría en una ley que esta fuera de sí mismo, una ley fundamentada no en el Universo y la Razón, sino en la exis­tencia de un Dios personal, espiritual, individual, del que manan to­dos los bienes, y en la Ley por él otorgada. Eso como norma general. Para ciertos preceptos concretos que rigen la vida social, ciudadana, la familia, la relación entre señores y esclavos, tanto Filón como el judaísmo en general encontraron una gran veta en la ética estoica popularizada -difundida prácticamente por todos los rincones del helenismo- y no dudaron en aceptarla y complementar con ello las normas de la ley de Moisés. El cristianismo recogerá esta herencia como se verá sobre todo al tratar de las reglas de comportamiento contenidas en algunas epístolas producidas por los discípulos de Pablo.

El hombre virtuoso, iluminado por la divinidad que concede siempre su ayuda, alcanza con facilidad la comprensión del bien y del mal. Para Filón todo pagano virtuoso que se convierte de su mala vida a la rectitud de la ley moral esta muy cercano del verda­dero Israel. Filón contribu­ye también a expandir entre los judíos una antropología dualista, es decir, el hombre esta compuesto de alma y cuerpo, que implica la inmortalidad de la primera, y exhorta al desprendimiento necesario de todo lo material para alcanzar lo espiritual y divino. Estas ideas apuntalaran fácilmente la concepción de una supremacía del mundo celestial sobre el terreno, de lo invisible sobre lo visible, de la razón sobre la materia y del alma sobre el cuerpo.

“Dos vidas paralelas en el tiempo, sólo separadas por el desierto del Sinaí: Filón de Alejandría y Jesús de Nazaret, el primero: el cristianismo sin cristo; y el segundo, Cristo sin el cristianismo”- Pensé.

Recogí lentamente los papiros de la mesa, y forme una pila con ellos. Traje un caldero de la cocina del apartamento. Introduje en él los papiros y el informe. Encendí un fósforo y lo arrojé a su interior. Una crepitante llama surgió de ellos. Cuando se estabilizó, un haz azul conformaba su interior.

Con la pequeña hoguera me sorprendieron lágrimas por el  amor perdido. El mundo no lo podría volver a mirar igual.

Espere a que se hubieran convertido en ceniza.

Había sido un trabajo excesivamente fácil.

Me acerque al teléfono, y marqué el número acordado:

- Tu voluntad ha sido cumplida.

 

Texto sobre Filón extraído de:

 

El legado de Filón de Alejandría

Guía para entender el Nuevo Testamento

Antonio Piñero

Borges y el blog: “ Los papiros de Alejandría” (II)

 

Filón fue un intelectual poderoso y comprometido, un escritor fecundo que dedicó prácticamente toda su vida a comentar y explicar los cinco primeros libros de la Biblia para hacerlos más compren­sibles a sus conciudadanos judíos y accesibles a los paganos de su entorno. Su idea fundamental era que la religión judía contenía las mejores expresiones del espíritu humano, pero que estas ideas estaban también dispersas en lo mejor del mundo de la cultura helenística, sobre todo en la filosofía de Platón, y que era posible tender un puente entre ambos pensamientos, el judío y el griego.

Filón va  a ser la clave para entender el desarrollo de la interpretación de la Biblia en los inicios del cristianismo. Parte del modo como los cristianos leen la Biblia está inspirado si no en Filón directamente (aunque esto no es imposible en algunos autores), sí al menos en el modo y estilo de hermenéutico que el contribuyó a difundir antes del nacimiento del cristianismo. Filón fue un ejemplo a seguir en el momento de encontrar en el Anti­guo Testamento, y por medio de la alegoría, figuras y tipos del mesías que aparecería con Jesús.

Según Filón, la Biblia es el libro básico de toda religiosidad por­que es el único divinamente inspirado. En concreto el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) fue escrito por el profeta Moisés y es, a través de su mediación, palabra de la Biblia. La manera de interpretar por parte de Filón es fundamentalmente la alegoría. En esto seguía los pasos de ciertos filósofos paganos como los estoicos que habían interpretado alegóricamente los versos de los dos libros básicos de la educación griega, la Iliada y la Odisea de Homero, en­contrando en ellos gracias a este método una especie de revelación escondida de todas las verdades divinas y humanas. Continuaba tam­bién por parte judía una tradición de autores anteriores a él que habían adoptado este sistema interpretativo en obras de divulgación bíblica orientadas hacia lectores judíos y paganos.

Para Filón la Biblia tiene dos sentidos. Uno patente y visible: el sentido literal y obvio de cada texto; otro no patente e invisible, el sentido espiritual o profundo que se debe descubrir en cada caso. No siempre, ni mucho menos, el sentido literal será el más interesante. Hay pasajes, sin embargo, que deben tomarse al pie de la letra, como los Diez Mandamientos, o las leyes de pureza ritual o alimentaría. Filón defiende que el que estudia la Ley con devoción será iluminado por el Espíritu y alcanzará tarde o temprano una intelección sufi­ciente de ella. Sostiene que la Escritura no puede decir banalidades y que no es lógico que cuente historias poco creíbles. Si, en apariencia, estas ocurren, hay que explicarlas. Así, por ejemplo, la creación no pudo tener lugar realmente en «seis días», sencillamente porque los días se cuentan con el sol y este astro es un objeto mismo de la crea­ción (Alegoría de las leyes I 2). Tampoco es admisible al pie de la letra que Eva haya sido creada de la costilla de Adán (Alegoría de las leyes II 19). El lector ha de pensar que en tales casos debe buscarse otro sentido, oculto, espiritual y profundo. Para Filón ese sentido coincide de uno u otro modo con lo mejor y más espiritual del pensamiento griego, en especial platónico y estoico, y piensa que el lector bien preparado lo hallará iluminado por el Espíritu. El camino aparece preparado así para una interpretación de la Biblia razonable, pero pluriforme y libre. Con este mismo espíritu los cristianos presentaran su propia interpretación, aunque no precisamente para tender puen­tes con el helenismo, sino para encontrar a Jesús en textos donde en apariencia no está.

 

Texto sobre Filón extraído de:

 

El legado de Filón de Alejandría

Guía para entender el Nuevo Testamento

Antonio Piñero

Borges y el blog: “ Los papiros de Alejandría” (I)

 

Los miré de nuevo. Un tubo cilíndrico de metal, posiblemente aluminio, sin decoración o marca alguna y una vulgar funda plástica con un informe: “Los papiros de Alejandría: escritos de Filón el Judío”: este recogía un bosquejo de las ideas principales del autor de los papiros encontrados en la excavación de los cimientos de un edificio en las afueras de la ciudad egipcia.

No me podía quitar de la cabeza sus últimas palabras:  “ Tengo que tomarme un tiempo. Nos hace falta a los dos. Las cosas no pueden seguir así”.

Dos objetos simples, neutros, sin relevancia…a primera vista. Pero con un poder letal en su interior. Cuantas intrigas, cuantas sucias maniobras para evitar que estos papiros vieran la luz; y eso que hablan de la luz que salvará todos los seres humanos. Intrigas y tretas de los que viven de hablar de verdad y honestidad.

Ella no volvería. – “te quiero demasiado, pero no estoy preparada para sentir un amor como el nuestro.” Demasiado manido; a cuantos habrán dejado en la cuneta con unas palabras similares a estas. A muchos, me imagino. Mentiras, falsedades…

Ocultar la maldad y el latrocinio con un manta de caridad y amor.

Hipocresía y engaño. La falta de coraje para enfrentarse a la realidad. Verdades mentirosas para mantener poder y riquezas.

Abrí con suavidad el cilindro: extraje con cuidado hojas recortadas de lo que debió ser un rollo de papiro en su origen. Estaban escritas en griego. El tacto era algo rugoso. Se podía sentir las vetas del vegetal que se entrecruzaban como si fuera una red. Como algo tan delicado puede tener un poder tan extraordinario. Lo que nació de la luz del Sol como puede portar las entrañas de las tinieblas.

Fui depositando uno a uno sobre la mesa los fragmentos de papiro. Retrocedí unos pasos y los miré como conjunto. -Sólo son palabras-. Recordé el temor reverencial que los antiguos egipcios tenían por la palabra escrita.

Es una puta. No se como pude enamorarme de ella. Que vi en esta mujer. Su sensualidad barata. Sus labios excesivamente rojos. Su culito… Una mujer que no era mi tipo.

Extraje el informe. Tenía que mantener mi mente distraída para evitar que su recuerdo me devorara.

 

Filón de Alejandría nació en la capital del Egipto helenístico un poco antes de Jesús, hacia el 15 a.C., en el ámbito de una familia judía rica y muy helenizada. Su lengua materna fue el griego, no el hebreo, y fue educado a la manera griega al cuidado de los mejores maestros. Llegó a conocer muy bien la lengua, la historia y la filoso­fía griegas. Gracias a la lectura de la Biblia, al culto frecuente de la sinagoga en el que participaba de modo asiduo, Filón estaba fami­liarizado con la liturgia, los métodos de exégesis y con la apologética de los judíos helenísticos. Filón de Alejandría murió unos veinte años después de Jesús de Nazaret.

 

Texto sobre Filón extraído de:

 

El legado de Filón de Alejandría

Guía para entender el Nuevo Testamento

Antonio Piñero

Mi tarot privado, 26

Las cartas de mi juego: Naipe Nº 26, La colmena

 

Nuestra mente

 

…La respuesta dada por una joven de dieciséis años a la pregunta de como se comportaba en di­ferentes contextos: «Con mis compañeros soy extrovertida, alegre, alborotadora, me siento segura. En clase soy seria, responsable, respetuosa, callada. Con mi mejor amiga, comprensiva, yo misma, afectuosa. Con un chico que me atrae soy consciente de mi misma, buena escuchadora, sen­sible, no siempre soy yo. Con mi padre suelo ser distante, a la defensiva, reservada. Con mi madre, cercana, cabezota, sincera y con mal genio». Cuando esta joven trató de expli­car este acopio de contradicciones sobre su forma de ser después de leer sus respuestas ella misma, exclamó con frustración: «¡No tiene sentido, todo debería encajar en una sola pieza!».

  

Las observaciones sobre pacientes con el cerebro divido llegan a la conclusión de que el cerebro está organizado de forma modular y que cada uno de estos módulos puede producir comportamientos independientes. Una vez que se producen el sistema del hemisferio izquierdo, basado en el lenguaje y la conciencia, los interpreta y construye una teoría sobre el significado del mismo:

le pegue tres gritos, porque no estaba un minuto quieto”.

El esquema cotidiano de una acción (gritar) y una justificación a posteriori (no estaba quieto)…

¿Pero es esa la verdadera causa de la conducta?

No lo sabemos. Sin embargo el emitir la justificación nos da la sensación de un Yo coherente.

 

No somos uno: somos muchos con conciencia de uno

No somos un monologo: somos una conversación

 

 

Tenemos que aceptar nuestra diversidad interior, aunque no vale como disculpa para ser incoherentes con nuestros propios valores

 

 

Libros imprescindibles:

El cerebro social

Michael S. Gazzaniga

El Error de Descartes

Antonio Damasio

No tome muy en serio sus pensamientos

 

Todos nos sentimos más cómodos con un tipo de ropa que con otra, pero cambiar de camisa no significa dejar de ser uno mismo. Si en la intimidad se viste usted con una camiseta y unos vaqueros, y en la oficina con un traje, ¿es usted más yo en la primera situación? Las definiciones de nuestra persona no pueden apoyarse en algo tan exte­rior y cambiante. Lo mismo sucede con muchas concepciones de nosotros mismos que se basan en los sentimientos.

Voy a imaginar ahora que usted es un hombre de una estatura media y que pesa unos 75 kg. Una persona obesa de 130 kg se le cru­za y, al pasar a su lado, murmura entre dientes: “¡Delgaducho!”. ¿Qué valor le concede a esa descalificación? Me figuro que no le dará mucha importancia ni le afectará especialmente pues considerara que esta deformada por la obesidad del que la profirió. Esta es una reacción lógica, ya que las descalificaciones a nuestra persona sólo cobran importancia dependiendo de quien nos las dirija. Pero de todas las opiniones, la que más crédito nos merece siempre es la de nuestra propia mente. Nunca creemos que nuestro propio juicio pueda estar deformado, al igual que el del hombre obeso; sin embargo, esa posición revela una enorme ingenuidad.

La mayoría de los libros de auto-ayuda y muchos de los psicólogos llamados cognitivos tratan -en consonancia con la cultura popu­lar- de que la gente altere el contenido de sus pensamientos. Estiman que un tratamiento eficaz para acabar con los problemas psicológicos (por ejemplo, una depresión) consiste en que, en vez de pensar “soy un inútil”, comencemos a pensar “en realidad, soy una persona útil” o “puedo ser bueno y valioso”. Se enfatiza que debemos queremos más, potenciar nuestra visión positiva, desechar los pensamientos negativos y reforzar los positivos. Pero lo que yo le sugiero es algo totalmente distinto: no que cambie el contenido de sus pensamientos, cualquiera que este sea, sino que observe que esas valoraciones son contenidos, ni más ni menos; en otras palabras, que ponga su atención en el proceso mental( darse cuenta de que piensa algunas veces una cosa otras otra, pero sin entrar a juzgar el argumento de los pensamientos)  no en el contenido.

Con todos estos argumentos no afirmo que no se pueda tener nin­guna seguridad en lo que opinamos sobre nosotros mismos, pero SÍ que, cuando nos tachamos de ansiosos, aburridos, “metepatas”, etcétera, hemos de juzgar todas estas evaluaciones como algo cuestiona­ble y perfectamente mudable. Muchos pensamientos pasan por nues­tra mente y gran parte de ellos tienen que ver con nosotros mismos. Si resulta sensato desconfiar de muchas de las cosas que razonamos, lo mismo cabe para aquellas que se refieren a nuestra propia persona. Podemos tener la seguridad de que esos calificativos sólo rozan la superficie de nuestro yo y que, por tanto, es ridículo preocuparse por tomarlos demasiado en serio.

 

La mente o la vida

Jorge Barraca

 

Foto: Miguel Sancho Subirats

 

Mi tarot privado, 25

Las cartas de mi juego: Naipe Nº 25, El espejo

 

La vanidad

 

El narcisismo representaba la dimensión psicológica de su nega­da necesidad de dependencia. Pese a sus ilusiones o fantasías de om­nipotencia, la autoestima del narcisista depende de los «suministros narcisistas» de los otros. No puede vivir sin ser admirado. Su aparente liberación de nexos familiares e institucionales no llega al extremo de poder darse placer a sí mismo. Necesita la atención de los demás, a los que toma por espejos de sí mismo. A menudo se queja de insuficien­cia para sentir, y por eso busca compulsivamente vivir experiencias fuertes e intensas que le descubran la vitalidad. Sin embargo, fre­cuentemente siente un gran vacío interior, una ansiedad difusa que encubre la ira reprimida. Pretende estar en paz, pero en unas cir­cunstancias contrarias a esa paz y un marco social que le empuja al ensimismamiento. El ensimismamiento define el clima moral de la sociedad contemporánea, y la búsqueda de la realización personal y de la satisfacción narcisista se convierte en el tema central de su cultura. Pero el narcisismo no implica autocomplacencia, sino más bien desesperanza, una desesperanza que en el fondo esta bastante generalizada. La experiencia del vacío interior, la soledad y la inauten­ticidad, no obstante, no carecen de contenido social, sino que surgen de las condiciones hostiles que infunde el conjunto de la sociedad, de los riesgos y los peligros de la vida contemporánea, de la pérdida de la confianza.

…Y que el narcisismo colectivo era la actitud dominante: «Puesto que la sociedad no tiene futuro, tiene sentido vivir sólo el momento, fijar la mirada en nuestro desem­peño particular, transformarnos en expertos de nuestra propia deca­dencia, cultivarnos una conciencia trascendental». La cosmovisión se cerraba en el sí mismo, considerando la supervivencia como su único fin.

Sin esperanza de mejorar su vida en ninguna de las formas que verdaderamente importan, la gente se convenció de que lo importante era la mejoría psíquica personal: contentarse con los sentimientos, ingerir alimentos saludables, tomar clases de ballet o de danza del vientre, im­buirse de la sabiduría oriental, caminar sin fin…

 
La biografía del miedo

Enrique González Duro

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