
-”La persona real es la que siempre va escondiendo una cojera interior: es nacionalista pero no nació en esa tierra, alardea de inteligente pero sabe que es un petardo, se llama honrado pero le roba a su abuelita… Los políticos de la nueva era tienen siempre que esconder alguna “debilidad”, saben que son inferiores a los demás pero eso les insufla la fuerza y el deseo de venganza necesaria para mentir, dar puñaladas por la espalda, presentar la imagen adecuada en cada momento… es un ser real: de carne y hueso: de verdaderas emociones: un hombre de organización perfecto. Sabe que su vida, en toda la extensión de la palabra, depende del partido. Fuera de la política sólo le espera los calcetines con agujeros”.
Iba a decir algo pero me corto con un gesto y siguió hablando: -”La ideología, ¡por favor! Eso está bien para la universidad. La ideología sólo es la grasa que suaviza las tragaderas de los ciudadanos. Lo importante es el interés del estado: eso es lo sagrado. Métetelo en la cabeza. Todo mensaje tiene dos niveles: el superficial, o sea el bien común, los conceptos ideológicos, las monsergas; y el medular: el verdadero fin, que siempre es el bien del estado y de la organización. Olvidate de la verdad, la gente no la quiere. Sólo son manías de intelectuales románticos (menos mal que ya van desapareciendo). El verdadero intelectual es el orgánico. El que sabe conjugar estrategia y realidad, deber e interés, sociedad y organización”.
-“No te veo ” – siguió con su verborrea-”No te veo pero tienes tiempo. Sería una pena que con todas tus magnificas dotes fueras una persona prescindible… “
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