EL TRIUNFO DE LAS FINANZAS Y EL OCASO DE OCCIDENTE II

¿Quién va a trabajar por la mañana pensando que lo más importante que tiene que hacer ese día es maximizar el valor del accionista? A veces, parece que los ideólogos del capital pensaran que eso es lo que todos debiéramos hacer, lo cual sólo demuestra cuán desconectados están de la realidad. La mayor parte de las empresas humanas, en particular las más valiosas y significativas, son en ese sentido industrias, centradas ante todo en hacer lo que hacen: desde este punto de vista antropológico, la atención sanitaria y la educación son industrias.
O por lo menos lo son desde el punto de vista de la gente que trabaja en ellas. Pero muchas de estas empresas están cada vez más en manos de personas que no las consideran industrias, sino negocios, y la finalidad de un negocio es pura y simplemente ganar dinero. Las actitudes del propietario de un negocio son distintas de las de la gente que trabaja en una industria; desde el punto de vista del primero, las maneras de actuar de una industria permanecen apegadas a prácticas heredadas del pasado,  obstinadamente ineficientes, obstinadamente indiferentes a las realidades fundamentales del funcionamiento del mundo. Al dinero no le interesa de qué se ocupa la industria; lo único que quiere es hacer más dinero, y el modo específico en que lo hace, aunque no del todo indiferente, tiene mucho de medio para un fin: el rendimiento del capital es el hecho más importante, mientras que los detalles humanos o culturales implicados no son nada más que eso, meros detalles. Para los trabajadores industriales, las actitudes y el pensamiento de la empresa-negocio se resumen a menudo en la abreviatura «contables», como cuando dicen «Queremos hacer tal o cual cosa, pero los contables no nos lo permitirán», o «Tal o cual cosa acostumbraba a funcionar bien, pero luego los contables se apoderaron de ella». Hollywood, por ejemplo, era una industria, primordialmente involucrada en la producción de películas, en los tiempos en que hacía muchas más películas; ahora es un negocio cuya principal preocupación es hacer dinero. Produce películas más espectaculares, más estúpidas y en menor número, pero cuando tienen éxito, el dinero que gana es tanto que, en palabras de Julia Phillips, la productora de Tiburón, «no hay tope».

¡Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar

John Lanchester

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