Buda con un solo gesto de ruptura, elimina todos los problemas que representa el 90% del sufrimiento del hombre contemporáneo. Dejando el resto de su prédica para resolver los problemas que se presentan posteriormente a tener los mínimos vitales a cubierto; y es, en esta parte más “filosófica” donde cobra todo el sentido el planteamiento teórico más elaborado del budismo. Pero de “ese gesto” se han olvidado los budistas adocenados, y su discurso se queda en todo es irreal ( ”pero no te olvides de que tienes que pagar la mensualidad para mantener al maestro y al dojo’).
La sociedad en la que vivimos no es tonta: ya ha aprendido la lección.
Hoy en día no hay bosque al que huir. No existe el territorio donde podamos ponernos a salvo de la explotación y humillación a la que somos sometidos. Se han asegurado cortarnos la posible huida. Sólo nos han dejado el territorio donde habita la segunda etapa del budismo: “todo es irreal”, que nos ayuda a soportar la explotación. Se han asegurado que cloroformados sigamos enriqueciendo a unos pocos; que cada año nos humillan con sus cuentas de resultados, y sus inmensas riquezas.
Sin escapatoria. Por debajo de un mínimo de dinero que nos permita un techo, comida y algo de salud: Tiren los libros de budismo, psicología, autoayuda… a la basura.
Recuerden las manifestaciones de los budistas en Birmania, en el Tíbet…
Cuando no nos permitan un mínimo de dignidad, libertad y el acceso a los mínimos vitales debemos salir a la calle, en compañía de los que sufren como nosotros, para transformar el mundo; por muy ilusorio que sea.
