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Yo soy un héroe: sencillamente no tengo otro remedio.
Soy un héroe.
Ser héroe es fácil: si no tienes brazos ni piernas, o eres un héroe o estás muerto. Si no tienes padres, confía en tus brazos y en tus piernas. Y se un héroe. Si no tienes ni brazos ni piernas y si además te las has arreglado para nacer huérfano, ¡se acabó!, estás condenado a ser héroe hasta el fin de tus días. O la diñas.
Yo soy un héroe. Sencillamente no tengo otro remedio.
Soy un niño. Es de noche. Invierno. Necesito ir al baño. Es inútil llamar a la niñera.
La única solución es arrastrarme hasta los lavabos.
Lo primero es bajar de la cama. Hay un modo de hacerlo; se me ha ocurrido a mí.
Sencillamente me deslizo hasta el borde de la cama, me doy la vuelta hasta quedar sobre la espalda y me dejo caer. Tras la caída llega el golpe. Y el dolor.
Me arrastro hasta la puerta del pasillo, la empujo con la cabeza y salgo de mi habitación, de un lugar relativamente cálido, al frío, a la oscuridad.
Por la noche dejan abiertas las ventanas del pasillo. Hace frío, mucho frío. Estoy desnudo.
El trayecto es largo. Cuando paso por delante de la habitación donde duermen las niñeras, intento pedir ayuda, doy golpes con la cabeza contra la puerta. Nadie responde. Grito. Nada. Quizás no grito lo suficiente.
Cuando llego al baño estoy completamente helado.
En el baño las ventanas están abiertas. Hay nieve en el alfeizar.
Alcanzo el orinal. Descanso un rato. Necesito descansar sin falta antes de emprender el camino de regreso. Mientras lo hago, la orina empieza a cubrirse de hielo.
Me arrastro de vuelta. Con los dientes, tiro sobre mí la manta de la cama, me envuelvo como puedo en ella y trato de dormir.
Y por la mañana me vestirán y me llevarán a la escuela. Durante la clase de Historia relataré con aplomo los horrores de los campos de concentración nazis. Me pondrán sobresaliente. En Historia siempre saco sobresalientes. Tengo sobresalientes en todas las asignaturas. Soy un héroe.