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Sólo cuando se lo libera del odio y del amor se revela plenamente
El camino perfecto no conoce dificultades excepto cuando se
niega a tener preferencias; Sólo cuando se lo libera del odio y del
amor se revela plenamente y sin máscara; por una diferencia de una
décima de pulgada se separan el cielo y la tierra. Si deseas verlo con
tus propios ojos no has de tener ideas fijas ni a favor ni en contra.
Entrar en el juego de lo que te gusta y lo que te disgusta esa es
la enfermedad de la mente [ ... ] (El Camino) es perfecto como el
vasto espacio, sin ningún deseo, ni nada superfluo. Es a causa de
hacer elecciones que su talidad se pierde de vista [ ... ] Uno en Todo,
Todo en Uno. Si sólo esto es realizado, no te preocupes por no ser
perfecto.
Cuando la Mente y cada mente creyente no están divididas, y
son indivisas cada mente creyente y la Mente, ahí es donde las palabras
fallan, porque no es del pasado, presente ni futuro“.
La maleta del buscador
Maria Teresa Román
La danza de Shiva es la danza del universo; el incesante flujo de energía que pasa por una infinita variedad de modelos que se funden unos con otros.
El nombre de Shiva no aparece en las antiguas escrituras, pero el de Rudra, que es otro de los nombres de este dios y casi tan común como el anterior, aparece frecuentemente en ellas, acompañado de apelativos como «el Aullador», «el Rugiente», «el Terrible». En las fases iniciales de la evolución de la triada de los dioses hindúes, se produjo la absorción por Shiva del védico Rudra, personificación de los poderes implacables de la destrucción. Shiva era «el que quita o el que devuelve». Tiene hermosa apariencia, y se representa con cuatro brazos, cuatro caras y tres ojos. El tercer ojo de este dios, situado en el centro de su frente, posee el poder de lanzar miradas incendiarias que son el terror de todos los seres creados.
El lado destructivo de Shiva queda patente también en su titulo de Bhairava, «el alegre devorador». Como Bhairava, Shiva ronda por los cementerios y los lugares donde se efectúan las cremaciones, ataviado con un collar de calaveras, con la cabeza llena de serpientes y seguido por una comitiva de diablos y diablillos. El otro
aspecto del carácter de Shiva queda igualmente manifiesto en la danza cósmica, cuando el dios, en su aspecto de Nataraja, «rey de los danzarines», baila delante de Parvati para aliviar los sufrimientos de sus fieles. Esta danza cósmica de Shiva es uno de los símbolos mas esplendidos de la mitología mundial, una profunda concepción que han plasmado con arte inimitable los bronces del sur de la India. Los estados de trance inducidos por la danza recibían igual consideración que los producidos por el yoga, como demuestran las provisiones de fondos de los templos hindúes para la ejecución de danzas rituales frente a las imágenes sagradas. Shiva Nataraja es representado de pie, bailando rodeado por un circulo de llamas, que simbolizan los procesos vitales de la creación universal. El dios levanta en el aire una de sus piernas sobre una pequeña figura agazapada sobre una flor de loto, que se encoge bajo su pie. Este demonio enano representa la ignorancia humana, efecto de los conjuros de maya. Derrotarla significa alcanzar la sabiduría y la liberación de las servidumbres del mundo. En una de sus manos, el dios lleva un tambor, símbolo del lenguaje, la fuente de la revelación y la tradición. La segunda mano del dios hace la señal de la bendición, mientras que una lengua de fuego que aparece en la palma de su tercera mano sirve de recordatorio de la destrucción. La cuarta mano de Shiva apunta hacia abajo, hacia su pie levantado, a salvo ya del poder de la ilusión, y significa el refugio y la salvación del devoto en la búsqueda de la sabiduría.
En Mamallapuram, al sur de Madras, se encuentra el famoso relieve del Descenso del Ganges, en el que se conmemora un episodio glorioso en el que Shiva intervino en su cualidad de Gangadhara, «sostenedor del río Ganges». Hubo un tiempo en que la tierra se vio privada de humedad, mientras que las aguas del Ganges fluían en los cielos, lavando únicamente el firmamento. De tal modo quedó la tierra contaminada por las cenizas de los muertos, que se desesperó de poder purificarla algún día. No parecía haber forma alguna posible de lavar la tierra, hasta que el sabio Bhagiratha tuvo la idea de traer de los cielos las aguas del Ganges y terminar así con la terrible sequía. Pero el río sagrado era una masa de agua tan grande, que su caída sobre la tierra hubiera producido una gran destrucción, de no ser porque Shiva decidió intervenir, interponiendo su cabeza en lo más fuerte de la corriente. La espesa cabellera del dios consiguió dividir las aguas, que fluyeron mansamente, formando meandros entre sus cabellos, y se dividieron por fin en siete ríos tributarios de suave y pacífico caudal.
El vehículo de Shiva es Nandi, un toro blanco como la leche que figura bien visible en el exterior de la entrada principal de los templos del dios. Nandi es el guardián de las criaturas de cuatro patas.
Diccionario de mitología universal
Arthur Cotterell




