La Terapia Aceptación y Compromiso (ACT) despide el profundo aroma de una taza de Zen II

Las palabras de Fo-yen recuerdan las del Sutra del dia­mante, al decir que el Buda no puede reconocerse por me­dio de marcas ni signos. Sin embargo, la palabra que se usa en este sutra para referirse al Buda es el Tathagata, un término sánscrito compuesto que significa «el así ido o llega­do», es decir, aquel que llega y se va de tal manera que no hay nada que llegue ni se vaya. En este sutra la palabra Tathagata se usa como una metáfora de la Realidad: de la experiencia inmediata y directa. Tathagata es una descripción de como las cosas son, que, tal como indica el térmi­no, no es nada en particular, ya que todo constituye un fluir continuo. Apunta a la experiencia real, a lo que se percibe antes de que algo surja en la mente, antes de apa­recer los pensamientos y los signos.

Lo que has de hacer en este momento, de lo que te has de ocupar, es de estar atento a esto, aquí mismo, a lo que esta ocurriendo antes de que hagas mentalmente algo con ello. Es comprender que la mente evoca una infinitud de mundos efímeros y que si los observaras con aten­ción, desaparecerían como el humo o la niebla, y tu despertarías.

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Por desgracia, la mayoría de nosotros no dejamos que nuestros queridos pensamientos -nuestras creencias, odios, encaprichamientos, opiniones, cálculos, obsesiones, alegrías y pesares- desaparezcan. En realidad, ni siquiera sabemos que pueden desaparecer, porque nos apegamos mucho a ellos. Ni siquiera vemos que no son más que pensamientos.

Sin saberlo, aquello que más dolor y sufrimiento nos produce, es a lo que con más fuerza nos aferramos. Y al mis­mo tiempo, rechazamos la libertad al temer perder en el proceso algo valioso para nosotros.

«La practica del zen requiere no apegarse a los pensa­mientos.» Sólo no te apegas a los pensamientos cuando ves que los objetos de los mismos no son Reales, que son como los objetos de un sueño.

Fo-yen nos recuerda que los pensamientos y signos que evocamos no son el mundo Real. Sólo son unos modelos del mundo y no pueden reemplazar la Realidad. Nos está señalando que los objetos mentales, como nuestro sentido del yo y del «mundo de allí fuera» son precisamente los que no son Reales.

Es otra forma de presentar la enseñanza del anatta del Buda: la ensenanza acerca de que todo cuanto existe carece de yo.


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Es esto lo que has de ver. Pero sólo puedes verlo direc­tamente -es imposible explicarlo o captarlo mentalmen­te-, porque no es una mera idea, sino una verdadera expe­riencia.

El zen, al igual que el budismo en general, se basa en la atención. Has de ver lo que esta ocurriendo en lugar de fi­jarte en lo que piensas.

No dejes que la verdadera experiencia te confunda. Ni tampoco te dejes arrastrar por las emociones, los pensa­mientos y las preferencias. Como es natural puedes tener pensamientos y sentimientos -y seguro que los tendrás-, pero no tienen por que dominarte ni destruirte.

La práctica del zen consiste en fijarte en este momento, en verlo tal como es: como nada en particular, como nada a lo que puedas apegarte. Y una de las formas más fáciles de advertir que te estas apartando de tu camino es observar simplemente las tendencias de tu mente: cuando te acercas a un objeto que deseas o te alejas de otro que te produce re­chazo.

¿Cómo puedes hacer que tu mente deje de sentirse in­clinada por una cosa o por otra? No puedes obligarla a ha­cerlo. Sería como intentar dejar de pensar en un elefante: intentar dejar de hacerlo, ya significa pensar en él.
Es imposible. No puedes enderezar la mente con tu fuerza de voluntad, porque este acto volitivo ya significa de por sí que tu mente se está inclinando por algo.En lugar de ello basta con advertir que tu mente sien­te una inclinación motivada por algún deseo o aversión. Mientras seas consciente de ello, se enderezará por sí sola.

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Quedar atrapado en los signos, dejarse llevar por los pensamientos, apegarse a las ideas cuando estas surgen…, todas estas actividades son tendencias de la mente. A medi­da que la mente se vaya enderezando, estos estados menta­les desaparecerán de manera natural. Sólo quedara aquello que ha estado aquí siempre: la Realidad. No es más que una cuestión de verla.

El budismo no es lo que crees

Steve Hagen

fotos: yunphotos


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