El miedo se combate en las sombras II

 

 

 

No podemos pedirle explicaciones a nadie, no debemos culpar a nadie, pero sobre todas las cosas jamás debemos de castigarnos.

Si el miedo es el amo y señor de nuestra existencia…

¡Nosotros no tenemos la culpa!

Cuantas veces a pesar de saber que estamos haciendo un esfuerzos sobrehumano, nos sentimos culpables de nuestro propio sufrimiento. Debemos aceptar nuestras dolencias y demostrar al resto que lo importante no es la suerte con que te dotó la naturaleza, sino que la clave está en el mérito: partiendo de una situación precaria ser capaces de tener una vida plena. Ahí radica claramente el triunfo de lo humano.

Nuestra única culpabilidad solo puede estar en no hacer nada para intentar cambiar unas tendencias que han aparecido en nuestro trayecto vital. Por imposible que te parezca, podemos cambiar, podemos dominar nuestros miedos y acceder a una vida mejor. Pero tienes que estar dispuesto a luchar, es difícil, tortuoso y complicado, pero ese es el camino. Es más fácil hablar de la infancia, de la culpa del destino, de los estragos de la genética, o del déficit de serotonina. Hablar y reflexionar no va a cambiar nada, Sí, has escuchado bien, nada. Se debe luchar, eso sí con estrategia y ayudándote de buenos profesionales que te guiñe. Si te sientes capaz de afrontar la guerra tú sólo: adelante, pero si necesitas ayuda de un profesional no dudes en buscarla.

 

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Nuestro compromiso es darte recursos en estas páginas, para facilitar el combate.

Aunque acudas a algún tipo de terapia, lo más importante es lo que hagas en el tiempo que transcurre entre las sesiones. En las próximas ocasiones que escriba te mostraré un decálogo con diez mandamientos a tener en cuenta en la lucha con el miedo. Pero antes reflexiona ¿estás dispuesto a luchar contra lo que temes a sabiendas de que nadie te reconocerá tus esfuerzos?

Esfuerzos que sólo tú sabrás desde la sombra.

Ahí resplandece el verdadero ser humano.

 

Hai zai hui ku

 

 

 

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad,

he visto las mejores obras sobre la faz de la tierra,

y creedme; todo es vanidad y vejación del espíritu.

Por eso yo percibo que

lo mejor que puede hacer una persona, es regocijarse de

sus propias obras, porque esa es su parte”.

 

 

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