Donuts y castigo

 

El ambiente era irrespirable. Calor, sudor, esfuerzo, expiación.

 

Miraras donde mirabas te encontrabas con cuerpos sujetos a maquinas metálicas, pulidas, envueltas en el brillo cegador de sus aristas. Las caras de los condenados, bañadas en el sudor, mostraban claros signos de un cansancio infinito;  pero brazos y piernas seguían moviendo pedales, manillares, pesas…

El amiente era irrespirable. Calor, sudor, esfuerzo, expiación.

Pon, pon, tras, pon…el martilleo demoledor de la música de fondo hacia el espectáculo más desgarrador. Aquellos cuerpos, retorcidos sobre los aparatos, trataban de ajustar su ritmo al golpeteo incansable de los sonidos que rebotaban en las paredes y taladraban sus oídos.

-Padre, quiero el castigo que me merezco.

-Hijo, dime.

– Me he comido una hamburguesa

-Te corresponde una condena de una hora de aerobic

-Padre, me comí un buen donut por debilidad

-Equivale a 40 minutos de bicicleta

-Soy un pecador, me zampe un trozo de pizza y una lata de coca-cola

-Te corresponde: una hora en la cinta de caminar rápido

– Solo dos galletas, padre.

-Equivalen a media hora de fitness (aparatos y pesas)

-No pude resistirme, una chuleta con papas fritas

-Ay gran pecador, tu castigo es: una hora entera subiendo escaleras.

-Ay de mi.

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