Vivimos en un mundo resbaladizo por estar construido en gran parte verbalmente I

Perdidos en la trampa del lenguaje

nos precipitamos al abismo

El aprendizaje por la experiencia y el aprendi­zaje por reglas(lenguaje)…como los dos tipos de procesos que condu­cen a la formación de comportamientos y que de­finen sus características diferenciales, por lo que cabe afirmar que el ser humano aprende a vivir en dos mundos, el de las contingencias directas y el socialmente construido (Hayes y Hayes, 1992).

El saber por la experiencia, o por los sentidos, supone un proceso de aprendizaje sobre la base del contacto directo con la realidad, que genera conductas moldeadas por las contin­gencias de la experiencia y una sensibilidad del comportamiento al cambio en la experiencia.

Esto significa que si un determinado comportamiento ha sido moldeado por contingencias, si estas cam­biasen el comportamiento también se ajustaría a las nuevas contingencias. Caminar se diría que es uno de los comportamientos seleccionados por las contingencias, de tal manera que la forma de ca­minar cambia respecto a la habitual al hacerlo so­bre un suelo cubierto de hielo, por ejemplo.

Sin embargo, el conocimiento del medio, inclui­da la parte más privada del sujeto, no se limita al modo anterior, sino que también se genera a tra­vés de otros modos distintos. Es lo que conocemos como aprender a través de reglas o fórmulas ver­bales…Por ejemplo, una vez dispuesta la equivalencia correspondiente entre el término «monjes budistas» y personas con ciertas características, si alguien dice que «los monjes budistas son gente pacifica», el contacto con una persona que se cataloga como perteneciente a di­cho tipo supondrá la presencia derivada de la fun­ción (reforzante o aversiva, según la historia per­sonal) de «pacífica. Dicho de otro modo, se vería a los monjes budistas como pacíficos y se actuaría en relación a ellos como corres­ponda a la historia personal (como nos caigan las personas pacíficas), y todo ello sin nece­sidad de experiencia directa alguna respecto a los monjes budistas.

Píensese en la formulación, socialmente extendida, como verdad hasta recientemente -y aún-: «quienes van al psiquiatra o al psicólogo es porque están locos o algo les funciona mal», y también «los locos son peligrosos». Sin información contraria a ésta, es de esperar que si una per­sona determinada llega a conocer a otra hacia quien, inicialmente, muestra una cierta atracción (es decir, le gusta estar con ella y ha comenzado a interesarse por temas que a ella le interesan) y, lle­gada el momento, se encuentra con que esta per­sona «le confiesa» que ha acudido al psiquiatra, su inclinación hacia ella cambie de signo; esto es, comience a «verla» con funciones verbales aver­sivas, aquellas que según su historia socioverbal proporcionan a lo que se relaciona con acudir a psiquiatras y estar loco. Quizás esta persona no llegue a entender el cambio en sus sentimientos, e incluso no entienda su reacción ante ellos (por ejemplo, cancelando sus citas con la citada perso­na…).

Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

Nelly G. Wilson

M. Carmen Luciano Soriano

 

 

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