Los diez mandamientos para enfrentarse al miedo: Noveno mandamiento (I)

 

 Aprenda a relajarse y a meditar

Las fobias son enfermedades psicosomáticas en el sentido estricto de la palabra, todos los síntomas se experimentan a través del cuerpo. Estas manifestaciones somáticas alimentan y agravan a su vez los fenómenos psicológicos. De ahí la importancia de romper este Círculo vicioso.

¿Por qué relajarse y cómo hacerlo?

Las personas fóbicas tienden con frecuencia a padecer una tensión psicológica y física excesiva. Los ejercicios de relajación pueden ejercitar el sistema de “frenado emocional” que es el sistema nervioso parasimpático, pues la tensión depende de la activación del sistema simpático, del que el parasimpático es su antagonista. La relajación activa el sistema parasimpático, lo que facilita la ralentización del ritmo cardíaco, la relajación muscular y otras manifestaciones
opuestas a las que desatan el miedo.

La relajación es muy útil. Pero no puede ser la única forma de tratamiento. Curar una fobia sólo con la relajación sería insuficiente. La relajación, más que un método eficaz para controlar las explosiones de miedo, es un instrumento para mejorar la calidad de vida y regular las emociones. Es una forma de
inversión a largo plazo.

Existen diferentes grados de complejidad en la práctica de la relajación.

Un primer nivel puede consistir en una simple toma de conciencia de las sensaciones corporales y en sencillos ejercicios de relajación (respiración profunda, postura cómoda) realizados con la mayor frecuencia posible y en diferentes situaciones para disminuir la tensión. Esto es lo que denominamos “minirrelajaciones”.

En un nivel de mayor perfeccionamiento, se pueden realizar ejercicios más completos, para experimentar la relajación física e ir introduciendo poco a poco automatismos (cuanto más a menudo me relajo, más facilidad tengo para conseguir estados de relajación). En efecto, la memoria corporal actúa afortunadamente en los dos sentidos, aunque, desgraciadamente, resulte más fácil y natural crisparse que relajarse. Siempre la prioridad natural es reproducir los reflejos que facilitan la supervivencia, en lugar de aquellos que facilitan la calidad de vida.

Al bajar el nivel medio del tono simpático, la persona fóbica puede esperar alejarse de la zona peligrosa, pero también puede ocurrir que el elevado nivel de tensiones físicas facilite el desencadenamiento de crisis de angustia.

Atención: la relajación no tiene como meta hacer desaparecer por completo la sensación de ansiedad. No hay que percibir el retorno del miedo como la prueba del fracaso o de la inutilidad de la relajación. Ha de considerar la relajación como una herramienta útil para mejorar la calidad de vida en general, más que como una terapia.

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Psicología del miedo

Christophe André

foto:

J Julian García Reguera

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