Soltar

La expresión «soltar» debe de ser uno de los clichés de la Nueva Era más utilizados del siglo. Se usa a diario, hasta la saciedad. Y sin embargo, se trata de una maniobra interna tan potente que merece la pena ser investigada, tanto si se trata de un cliché como si no. Hay algo de vital importancia que aprender de la práctica de soltar.

Soltar significa simplemente lo que dice. Constituye una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate de una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva o un deseo determinados. Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que éstos se van desplegando. Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos o de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de la mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando.

Pero no es sólo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. Para ser transparentes debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena.

Soltar sólo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados; si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. En esos momentos difíciles en que nos quedamos enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuándo nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio.

La calma, la visión profunda y la sabiduría sólo surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. Ésta es una afirmación verificable. Pruébelo, aunque sea sólo para divertirse. Compruebe por sí mismo si soltar cuando una parte de usted realmente quiere aferrarse no le proporciona una satisfacción más profunda que agarrar.

Mindfulness en la vida cotidiana

Jon Kabat-Zinn

foto:

José M. Rodríguez

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