Siempre que un concepto puede ser formulado intelectualmente (el amor, el cielo, el infierno, el liberalismo…), ¿existe en el mundo real?

La historia de occidente es la historia del idealismo. Su cultura des­cansa en la formulación teórica de un modelo. En La Republica, Platón construye lo que él considera el ideal de gobierno usando mitos e imágenes fantásticas que no guardan relación alguna con la realidad. Una vez creado, el modelo ideal se aplica al mundo real. Siguiendo los pa­sos de Platón, todos los filósofos occidentales,… han argumentado que siempre que un concepto puede ser formulado intelectualmente, existe en el mundo real y, por ello, puede ser aplica­do

La victoria en el campo de batalla a menudo depende de las circunstancias, no de la estrategia, como nos recuerda Tolstoi en Guerra y Paz. En la víspera de la batalla de Austerlitz, escribe, los generales austriacos y rusos revisan su plan, que consideran la estrategia militar ideal. Esperan derrotar a Napoleón; su ejercito está muy lejos de las bases militares, es más pequeño que la coalición austrorusa, se ha ido retirando, y luchará desde una posición de desventaja. Napoleón, por otra parte, parece poco interesado en la batalla, hasta el punto de que no ha preparado un plan de acción. Llega al campo de batalla temprano por la mañana de buen humor. Está enamorado, revela Tolstoi, y está lleno del optimismo de todos los jóvenes amantes que saben que su amor es correspondido. Mientras las tropas enemigas empiezan la difícil maniobra de rodear al ejercito de Napoleón, una fina bruma cae de repente e impide la visión. Los soldados austriacos y rusos, los oficiales y los generales se sienten perdidos, no pueden aplicar su complejo plan porque son incapaces de ver adónde van. Cegado, el ejercito de la coalición se hunde en el caos. Una circunstancia imprevista, la niebla, ha cambiado las tornas. Napoleón improvisa y se aprovecha de la situación. Ataca al enemigo cegado por la niebla, destruye sus defensas y gana la batalla.

Sun Tzu, el autor chino de El arte de la guerra, diría que Napoleón se comportó como un general chino. Sacó partido de la situación existente, adaptando su estrategia a ella. Una crisis, la niebla, se convirtió en la oportunidad de cabalgar a lomos del peligroso viento y ganar la batalla.

Escrito en el siglo VI a. c., El arte de la guerra ilustra claramente la fundamentación filosófica de la cultura china, que es antiética según la planificación europea. Mientras que la filosofía occidental lucha por adaptar la realidad al modelo ideal conceptualizado, en la cultura chi­na tal modelo no existe. La realidad emerge como producto de las cir­cunstancias, y como tal, cambia constantemente. Por ello, la niebla en Austerlitz se convierte en el punto desde el que construir la victoria, no el acontecimiento excepcional que lleva a la derrota.

Las circunstancias, no la ética o la moral, guían a los sabios chinos, que pensaran en términos de procesos globales, como se describe en el clásico chino, el I Ching. Las circunstancias guían también al general y al estratega, que pensaran en términos de confrontación para proteger a su gente. Ambos trabajaran con los acontecimientos que se producen y dentro de los límites que se les impongan, reconociendo que la vida es como un proceso temporal y espacial dictado por las circunstancias y el caos. La historia no tiene un significado trascendental, es un conjunto de momentos únicos.

La cultura occidental, por el contrario, piensa en términos de objetivos trascendentales que explican, justifican y que finalmente requieren la formulación de modelos ideales y permanentes. El concepto es­tá profundamente arraigado en muchas religiones: los judíos marchan hacia la Tierra Prometida; los musulmanes aspiran a entrar en el paraíso; los cristianos esperan la resurrección de los muertos; los cristianos fundamentalistas sueñan con el Armageddon; y los terroristas suicidas pretenden ser mártires. La vida llega a tener sentido solamente en rela­ción con su final, con el objetivo trascendental, y la historia sirve como la larga marcha hacia él.

Economía canalla

Loretta Napoleoni

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