No hay Buda, no hay ley, no hay disciplina que cultivar, no hay fruto que esperar

«Hay aquí ciertos cráneos afeitados ciegos que, después de hartarse de arroz, se sientan en dhyana para entregarse a practicas contemplativas, atentos a toda impureza del pensamien­to para impedir que se produzca, buscando la quietud porque les desagrada el ruido. Estos procedimientos son heréticos”.

«Venerables, cuando digo que no hay ninguna Ley que buscar fuera, estos aprendices no me comprenden y deducen que hay que buscarla dentro de sí mismos. Enton­ces se quedan allí, sin moverse, delante de su pared, con la lengua pegada al paladar, sumidos en la meditación. Y esto lo toman por el método de los patriarcas y la Ley del Budd­ha. iQué gran error!… Si es la inmovilidad lo que reconocéis como autentico, entonces los vegetales deberían poseer la Vía. El hombre verdadero, por su parte, no depende de na­da, se sirve tanto de la movilidad como de la inmovilidad”.

… “Guardaos tan solo de dejaros extra­viar por los demás. Todo lo que encontréis tanto fuera como dentro de vosotros, matadlo. Si encontráis al Buddha, ¡ma­tad al Buddha! Si encontráis un patriarca, ¡matad al patriar­ca! Si encontráis un Arhat, ¡matad al Arhat! Si encontráis a vuestro padre y vuestra madre, ¡matad a vuestro padre y vuestra madre!… Este es el medio de liberaros, de escapar a la esclavitud; esta es la evasión, esta es la independencia».

«Entre estos adeptos que vienen a de todas partes para que les enseñe la Vía, no hay ninguno que no sea depen­diente. Pero yo, desde el principio, les pego. Si se expresan con las manos, les pego en las manos; si se expresan con la boca, les pego en la boca; si se expresan con los ojos, les pe­go en los ojos. Pues no hay ni uno solo que haya dado mues­tras de independencia, todos han caído en la trampa ilusoria tendida por los antiguos. Yo, el monje de las montañas, no tengo ninguna Ley que dar a los hombres; no hago más que tratar la enfermedad y desatar los lazos… Hace cinco años, hace diez, que no encuentro a un solo hombre verdadero. Todos son semejantes a duendes de los bambúes y los árbo­les que se aferran al follaje como parásitos, bestias hediondas, larvas malignas que van a hartarse en todos lo monto­nes de excrementos, bandas de ciegos que consumís indebidamente los dones hechos por los devotos mientras proclamáis: “¡Somos monjes salidos de la familia!”. Estas son las opiniones que tienen.

»Os lo digo: no hay Buddha, no hay ley, no hay disciplina que cultivar, no hay fruto que esperar. ¿Que buscáis, pues, en los demás? ¡Ciegos, que os ponéis una cabeza sobre la ca­beza! ¿Que es lo que os falta, pues? ¡Vosotros, adeptos que estáis aquí delante de mis ojos, vosotros mismos no sois dife­rentes en nada del Buddha y de los patriarcas! Pero no te­néis confianza, y vais a buscar en el exterior.

»Desde mi punto de vista, no hay por que buscarse tantas complicaciones. Basta con ser ordinario, ponerse la ropa, co­mer el arroz y pasar el tiempo sin ocupaciones…»

«En cuanto a mi manera de actuar, la que empleo hoy, es, en verdad, a la vez creativa y destructiva. Me represento en las metamorfosis espirituales, al tiempo que permanezco sin ocupaciones en toda circunstancia. Nadie puede hacerme desviar. Cuando alguien se presenta, salgo de mi para mirar­le. No me reconoce. Entonces me pongo toda clase de vesti­dos que provocan interpretaciones en el individuo y, de gol­pe, se deja atrapar en mis palabras y mis frases, ¡oh amargura! Esos rapados cegados se apoderan de los vestidos que me he puesto para verme azul, amarillo, rojo o blanco. Y si me los quito para abordar terrenos más puros, helos aquí que enseguida aspiran a la pureza. Y si me quito todavía este vestido de pureza, se quedan perdidos y llenos de estupor. Se ponen a correr como locos, contando en todas partes que estoy desnudo. Les digo entonces: “¿Lo reconocéis, por fin, al hombre que se ha puesto estos vestidos?” De pronto, vuelven la cabeza, y he aquí que me conocen».

«Adeptos, no os aferréis a todo lo que os digo. ¿Y por qué? Mis palabras no se apoyan en nada, no puedo proporciona­ros ninguna prueba. Todo esto no son más que figuras traza­das por el dedo en el espacio, imágenes pintadas de vivos co­lores, ilustraciones didácticas».

«¡No os equivoquéis, venerables! No me interesa en abso­luto que expliquéis los textos (sútra) y los tratados (shastra), ni que os convirtáis en gran des hombres en el Estado, ni que discutáis interminablemente como cascadas, ni siquiera que deis pruebas de inteligencia y de sabiduría. Todo lo que quiero es que tengáis la opinión justa. Adeptos, es mejor ser un modesto maestro sin ocupaciones que saber interpretar cien volúmenes de textos o de tratados, lo que solo puede conducir a despreciar a los demás..

Lin-Tsi (¿ – 867)

Los maestros zen

Jacques Brosse

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3 Respuestas a “No hay Buda, no hay ley, no hay disciplina que cultivar, no hay fruto que esperar

  1. Hoy por casualidad he encontrado tu blog, buscando información introductoria sobre el budismo. Debo decirte que me he quedado leyendo varias de las entradas que refieren al budismo y me he quedado muy satisfecho con su contenido, ha sido enriquecedor para mí. Es reconfortante encontrar blogs así en la web.
    Gracias, sigue así!

    Namaste

  2. Soy la autora de la foto que has colocado en tu blog sin pedir permiso… lo cual no me parece desde el punto de vista budista, ni zen ni nada correcto…
    Si me lo hubieras consultado en lugar de coger mi fotografía de mi galería de fotos en fotonatura.org, no habría tenido problema alguno, pero de esta manera te pido amablemente que la retires, ya la he enviado a mi abogado y espero no tener que hacer nada mas
    Muchas gracias
    Nuria Blanco

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