Fantasías y juguetes II


Cuando jugamos con juguetes nos sentimos como si nuestra vida tuviese un propósito. Nuestros juegos suelen ir acompañados de maravillosas fantasías, que proporcionan energía y entusiasmo. Cuando un hombre conduce un descapotable rojo nuevecito, cantando a voz en cuello, se siente salvaje, libre, lleno de posibilidades, un tipo al que la mayoría de las chicas quisieran echar el lazo. Puede imaginar que otros, al mirarle desde sus coches en la carretera, envidian su libertad. Supongamos que en lugar del coche conduce una motocicleta, pasando a toda pastilla, con el viento enredado en los cabellos, sintiendo libertad y poder, y que de repente la moto patina en una mancha de aceite, da una vuelta de campana y le lanza contra la calzada, partiéndole los huesos. ¿Qué pasa entonces con su libertad? ¿Dónde esta ahora su poder o su vitalidad? ¿Significó ese momento de euforia una libertad y un poder verdaderos? Las fantasías pueden llegar a ser amistades peligrosas.

Cuando nuestros juguetes se gastan o se parten por la mitad, nos lan­zamos inmediatamente a la búsqueda de otros nuevos con los que jugar. Pero si no lo hiciéramos, si intentaramos permanecer totalmente despiertos en ese momento, capaces de tolerar algo que pudiera parecerse a la pérdida, vacío, o abu­rrimiento, se manifestaría una nueva comprensión de la libertad, que no puede romperse y que no depende de nada.

En el zen llamamos pensamientos ilusorios a todas esas fantasías que alimentan nuestras vidas. Se los considera uno de los tres venenos (los otros dos son codicia y cólera), y son los mas difíciles de detectar. Albergamos pensamientos ilusorios acerca de todo, de quienes somos, de quienes son los demás, de que hacemos, adónde vamos y del resultado de nuestras acciones.

Dice Dogen, el gran maestro zen:

Si sacásemos a los peces del agua no vivirían.

El agua es la vida para los peces, el aire lo es para las aves.

¿Qué es la vida para el ser humano? ¿Son esas fantasías y juguetes nues­tra auténtica vida? Y de serlo, al crecer,¿ Por qué anhelamos lo que es real?

Las fantasías nos invaden hábilmente, de manera que ni siquiera nos damos cuenta de que están ahí. Son como flores imaginarias bailando frente a nuestros ojos. Por desgracia, aunque algunas de estas flores son hermosas, otras son simplemente malas hierbas. Tanto si son hierbajos como preciosidades, pensamientos ilusorios o fantasías, lo cierto es que nos obstruyen la visión. No proporcionan una visión clara de nuestras vidas ni de quienes las pueblan. Por muy felices y entusiastas que nos volvamos, las acciones basadas en las ilusiones no se sostienen en nada. No llevan donde creemos que estamos yendo, ni proporcionan los dividendos que tanto ansiamos.

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