EL CHANTAJE EMOCIONAL: SENTIMIENTOS COMO MONEDA DE CAMBIO (III)

El chantaje emocional distorsiona la eficacia de la comunicación entre las personas basándose en la coacción; la persona amenazada se ve forzada a acceder a los deseos del chantajista. El lenguaje puede ser explícito: «Si no me regalas flores es porque realmente no me quieres». O también puede ser implícito: «Es que cuando a uno le regalan flores realmente le están diciendo que sienten algo por uno, que lo quieren, que le importan. Como a mí nadie me regala flores, pues nadie debe quererme». Está demostrado que cuanto mayor es el poder del manipulador, mayor será la coacción y el sentimiento de culpa e indefensión producido. El chantaje emocional implica en general una queja, y ésta suele tener un doble mensaje. Los dobles mensajes se caracterizan por ser principalmente contradictorios, como es pedir que se haga algo, pero a la vez lo hace uno. Por ejemplo, la madre que se queja de que el hijo no recoge su habitación pero siempre lo acaba haciendo ella.

El lenguaje utilizado en el chantaje emocional es de forma habitual ambiguo y confuso, produce incertidumbre y desconcierto, por lo que para poder evitar ser víctima de los chantajes emocionales de otra persona es importante no sólo identificar los sentimientos de malestar y de culpa que el manipulador nos produce, sino también identificar el sentimiento que nos lleva a actuar en contra de nuestra voluntad.

El sentimiento de culpa

Laura Rojas-Marcos

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