Donde mueren nuestros soldados y sus civiles I


Tres décadas de guerra le habían valido a Afganistán el dudoso estatus de proveedor mundial de heroína. A finales de los años ochenta, mientras los muyahidines afganos apadrinados por la CIA luchaban contra las fuerzas de ocupación soviéticas, la región que forman Pakistán, Irán y Afganistán se ganó el título de Creciente de Oro, reemplazando al Triángulo de Oro de Laos, Myanmar y Tailandia como primer productor mundial de opio. La producción masiva de opio había empezado primero en Pakistán, que en 1986 producía más de ochocientas toneladas de opio al año, lo que representaba un 70 por ciento de la oferta mundial de heroína. Los comandantes afganos trasplantaron la cosecha al sur de Afganistán, y la pasta de opio era luego llevada de nuevo a Pakistán y utilizada por los muyahidines para financiar la guerra, mientras la CIA y el ISI* hacían la vista gorda. Como he descrito en mi libro anterior, el ISI utilizaba el dinero que obtenía de la droga para financiar algunas de sus operaciones secretas. La CIA jugó el dudoso papel, como ya había hecho previamente en Vietnam,  condenando el tráfico pero permitiendo que floreciera.

La región de Helmand se convirtió muy pronto en el principal conducto para la venta del opio procedente de otras provincias, incluso desde las provincias más al norte de Mazar y Badakhshán. La ONU estimaba que la totalidad de la cosecha de opio de las provincias de Ghor Bamiyán y Uruzgán pasaba por Helmand en su camino hacia Pakistán e Irán.  El opio llegaba desde lugares tan alejados como la provincia septentrional de Badakhshán. Convoyes fuertemente armados de vehículos todo terreno cruzaban el desierto en dirección a Zaranj, en la provincia de Nimroz, que compartía una desértica frontera de cuatrocientos ochenta kilómetros con Pakistán e Irán. Hasta veinte camionetas o Land Cruiser de Toyota armados con misiles y cohetes capaces de derribar a un helicóptero artillado viajaban a más de 200 kilómetros por hora por las arenas del desierto. Era la ruta preferida por los traficantes y no había en ella satélites norteamericanos que pudieran detectarlos ni patrullas de las Fuerzas Operativas Especiales que pudieran interceptarlos.

Rumsfeld rechazó la petición de Colin Powell de que las fuerzas norteamericanas prohibieran al menos los convoyes de los traficantes de droga.

La enorme cantidad de adormidera plantada en 2003 produjo una cosecha masiva en 2004. A pesar de que la sequía y las plagas asolaron algunos de los cultivos, se cosecharon 4.200 toneladas de opio, frente a las 3.600 del año anterior. La superficie dedicada al cultivo de la adormidera de opio había crecido un 64 por ciento, y por primera vez se cultivaba en las treinta y cuatro provincias del país. La UNODC calculó que 2,3 millones de afganos, un 14 por ciento de la población rural, estaban ahora involucrados en el cultivo del opio. Los peones agrícolas ganaban diez dólares al día recogiendo resina de opio (cinco veces el salario medio diario). La economía del opio tenía ahora un valor de 2.800 millones de dólares, equivalente al 60 por ciento de la economía legal del país, que se estimaba en 4.500 millones.” Más del 80 por ciento del opio afgano era ahora refinado en forma de heroína en el interior del país y ya no se exportaba en forma de pasta de opio en crudo.

*Servicio de inteligencia paquistaní

 

Descenso al caos

Ahmed Rashid

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