Las artes marciales pueden ayudar en el manejo de nuestros miedos: Mi experiencia con el Tai Chi I

A bote pronto, un gracioso diría que si tenemos un vecino que nos mira con mala cara y hacemos un curso de Karate, desde luego saldríamos a la calle con más garantías. Pero  si dejamos esta visión superficial y anecdótica, me gustaría profundizar en las posibles conexiones beneficiosas que ligan una actitud temerosa ante la vida y, hablando genéricamente, las artes marciales.

Empiezo con una anécdota propia. Hace pocos meses me encontraba es un estado de ansiedad elevado: con miedo a salir a la calle, además de a otras situaciones. Cuando daba mi autoimpuesto paseo diario cualquier sonido estridente, o el simple ladrar de un perro, me provocaba una alteración negativa del estado de ansiedad. En aquellos días, con el fin de hacer un poco de ejercicio y obtener algo de relajación, empecé un curso de Tai Chi. El curso consistía en el seguimiento de unas clases que venían incluidas en un DVD. Me parecía una técnica que combinaba un ritmo pausado que invitaba al sosiego, con estiramiento y acondicionamiento del cuerpo.

Una sorpresa fue que el Tai Chi también es un arte marcial, cosa que desconocía. El maestro transmitía que cada postura representaba posiciones de defensa y ataque contra un enemigo teórico. Todavía recuerdo como  decía que en la “huida del mono” debemos imaginar que cada paso atrás permite a una mano controlar la posición de un tigre que  ataca; ir hacia atrás sin perder la cara al peligro. Todos los movimientos representaban una postura ante la realidad de flexibilidad y seguridad. Cada vez que ejercitaba los movimientos pensaba que estaba defendiendo de un peligro o avanzando con seguridad.

Un día salí a caminar (ya controlaba gran parte de los movimientos del curso de iniciación). Cuando más tranquilo estaba, inesperadamente, un perro se asomó desde un jardín muy próximo y me ladró con fiereza: me sobresalte, pero sin darme cuenta se proyecto en mi mente los ejercicios de Tai Chi realizados. Por supuesto que se incremento el miedo, pero me sorprendió comprobar que era inferior al que hubiera sentido semanas atrás. Es como si el cerebro hubiera aprendido que había  posibilidades de defensa; y junto a las sensaciones de miedo, también proyecto las de afrontamiento.

No quiero decir con esto que el puro ejercitamiento de artes marciales pueda liberarnos totalmente de nuestros temores, sean de la índole que sean; pero que, de alguna manera, aporta  recursos potenciales de afrontamiento a nuestra sensación de inseguridad. Que estas técnicas físicas envían al cerebro un nuevo paisaje corporal, que debilita en algo las señales de ansiedad constante.

Sugerencias:

Ver:    Tai Chi para gente ocupada

Keith Jeffery

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