Pero… ¿no podemos aprender a controlar nuestra mente? II

Por supuesto, lo anterior no es sino una simple prueba y no todo el contenido mental funciona de forma equivalente. Pero he querido incluirla para transmitir una idea sencilla y verdadera: es un buen camino abandonar la ilusión del control mental. Otra cosa son los pro­blemas externos que nos causan malestar, estos podemos y debemos cambiarlos.

Como ejemplo, detengámonos un momento en la siguiente situación. Varios estudios han revelado que los profesores de instituto (en particular, los de Secundaria) sufren, como ningún otro colectivo, pro­blemas mentales y físicos. Los profesores que los padecen no se dis­tribuyen de forma equivalente entre todos los institutos de España, en absoluto: en algunos de ellos muchos docentes sufren estos proble­mas, mientras que en otros casi ninguno esta afectado. Si poseyésemos la capacidad para controlar nuestros sentimientos y manejar nuestras emociones ¿no estaría repartida entre todos? ¿Es que el colectivo de profesores es particularmente inhábil en esta destreza en algunos lugares de España o en algunos barrios? Evidentemente el problema esta en el entorno: algunos institutos son mucho más estre­santes que otros. Si planteamos que la solución a este problema pasa por ofrecer apoyo emocional a los profesores, enseñarles a calmarse, a no tomárselo tan a pecho, etcétera, (es decir, los remedios habitua­les), en vez de cambiar las circunstancias externas que les llevan a enfermar (el clima de los institutos conflictivos), estaremos ofrecien­do un modelo inútil e ilegítimo éticamente.

Muchos procedimientos para distraerse y quitarse, al menos durante un breve tiempo, las cosas desagradables de la cabeza son eficaces. Y es precisamente esta eficacia a corto plazo lo que hace que se sigan empleando. Todos sabemos lo fácil que resulta caer en la tentación de lo que está justo al alcance de nuestra mano, aunque sepa­mos que, a la larga, nos acarreara un perjuicio ¿Cuántos buenos propósitos de, por ejemplo, mantener un régimen o de practicar todos los días ejercicio físico no se han rota por ello? Precisamente, el que las cosas funcionen durante un tiempo y alivien rápidamente -aunque no solucionen nada de forma definitiva- lleva a que uno perpetúe, quizás perjudicialmente, su empleo.

Quizás haya visto esa divertida película titulada Misterioso asesi­nato en Manhattan. Con su inteligente humor, Woody Allen sabe sin­tetizar en una frase lo absurdo de querer pasárselo bien de forma consciente e inmediata. En una escena, al principio de la cinta, el pro­tagonista le dice a su mujer: ¡Eh! Prometiste no aburrirte durante todo el partido de hockey si yo luego te acompañaba a la opera”.

 

La mente o la vida:Una aproximación a la terapia de aceptación y compromiso

Jorge Barraca

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