No extraviarse en el camino

Buda en sus charlas y diálogos sólo nos señala lo que vio y experimentó directamente.  El Buda no estaba interesado en la teología ni en la cosmología.

No se dedicó a hablar de estos temas y ni siquiera respondió a las preguntas que le hicieron sobre ellos. Lo que más le interesaba era una serie de cuestiones psicológicas, morales y sobre todo prácticas:

 

* ¿Cómo podemos ver el mundo tal como es a cada mo­mento, en lugar de verlo tal como pensamos, espera­mos o tememos que sea?

* ¿Cómo podemos basar nuestras acciones en la Reali­dad en lugar de hacerlo en los deseos y las aversiones de nuestro corazón y nuestra mente?

·*¿Cómo podemos llevar una vida sabia y compasiva que esté en armonía con la Realidad?

*¿En qué consiste la experiencia de estar despierto?

 

¿Acaso puede haber unas preguntas sobre la vida que sean más prácticas, realistas, inmediatas y relevantes que estas?

El Buda después de responder a estas preguntas les pidió, sin embargo, a los presentes que no aceptaran sus pa­labras ciegamente, sino que investigaran por mismos la experiencia inmediata de la Mente. «Sed una luz para voso­tros mismos -les dijo-. Tomad refugio sólo en vosotros mismos.» Siempre estaba rogando a los demás: «Purificad vuestra mente».

Pero el Buda no se estaba refiriendo a limpiar la mente de pensamientos o inclinaciones malsanos. Esta clase de es­fuerzo puede transformarse fácilmente en una negación de nuestra propia humanidad y además no funciona. Intentar eliminar los pensamientos malsanos de nuestra mente sólo nos desconecta y aleja de los demás. Al cabo de poco acaba­mos creyendo que somos superiores a los que no siguen el mismo camino espiritual que nosotros. Y esta actitud apes­ta. ¿Como podemos purificar la mente de este modo cuan­do el mismo impulso de hacerlo surge ya de una impureza?

Al decir «purificad vuestra mente» el Buda estaba seña­lando algo muy distinto. Y este «algo muy distinto» es: el despertar.

Por eso el Buda nos instó a que no siguiéramos cie­gamente las tradiciones, la información, los rumores, las opiniones, las especulaciones o la autoridad de unos textos religiosos, sino que, por el contrario, viéramos y conociéramos por nosotros mismos la Verdad y que la adoptáramos. También nos insto a que viéramos y conociéramos por nosotros mismos lo que es pernicioso y divisivo, y que lo abandonáramos. Siempre hizo hincapié en el ver y en el conocer, y no en el pensar, calcular y creer.

El budismo no es lo que crees

Steve Hagen

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