Deseos concedidos

Aquella noche lo volvió a suplicar: “solo pido una nueva oportunidad. Que ella vuelva, que lo intentemos de nuevo. La quiero más que a mi vida. La  existencia sin ella carece de sentido. No me importa que haya cometido un error yéndose con ese tipejo”.    Cerró los ojos e imaginó a los dos caminando por una playa solitaria, cogidos de la mano…todo sería como antes. Este era el sueño más preciado de su vida.

La otra mañana estaba viendo en la tele un programa sobre casos policiales, sí debo confesarlo: me gusta comprender todo lo que rodea a la conducta humana y sobre todo sus motivaciones en situaciones límite. A lo que vamos, dieron un caso muy interesante que no he resistido en traer al blog; no sé si el adjetivo es el adecuado, quizás inquietante…juzguen ustedes.

A la mañana siguiente sonó el teléfono: era ella. “Los ruegos han sido escuchados” pensó. Su cuerpo temblaba de alegría. Trató de controlar su voz para no delatar su agitado estado de ánimo. Hacía mucho tiempo que no lo llamaba, sobre todo desde que empezó el litigio por su hija. Ella estaba molesta, sabía que al haber abandonado el hogar tenía todas las de perder con la custodia de la niña y el apartamento. Pero aquí está de nuevo.

¡Bien!

Ella lo había invitado a pasar un fin de semana en la playa: ” Sería bueno que nos dieramos una nueva oportunidad” – fueron sus palabras.

No cabe duda de que el sueño se había convertido en realidad. Era un hombre de suerte.

El sol empezaba a decaer, sus mortecinos rayos naranja le daban a la estancia una luz calida y acogedora.

“Vamos a cenar”. Se levantaron de la cama, se vistieron, y se volvieron a besar apasionadamente. Ella se empeñó en comer en un  restaurante que estaba junto a la playa.

Cuando acabaron, ella se empeñó en ir  a pasear por la playa bajo la luz de las estrellas. “No cabía duda: su deseo había sido concedido”.

Era el hombre más feliz sobre la tierra.

Desde que llegaron al restaurante tuvo la sensación de que alguien los seguía. Ahora, tras una larga caminata en la playa, la sensación se había agudizado.

Miró hacia atrás. “Bang, bang” dos disparos resonaron en la arena desierta.

Su cuerpo quedó tendido en la playa. Sus ojos todavía abiertos miraban vacíos las caprichosas olas.

“Todo según lo planeado. Aquí tienes mi regalo querida. Ahora me tienes a mí, a la niña y la casita”.

 

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