La nueva economía, la nueva sociedad: Almas deslocalizadas II

 

En 2006 se contaban en la India unos 350.000 trabajadores que trocaban cada noche su identidad por una remuneración muy superior al salario medio. Es lo que llaman el «nuevo sueño indio», que ha sustituido a los viejos sueños de exilio: hoy en día, explica Joseph Confavreux, productor de una notable serie documental sobre «La India a gran veloci­dad», «ya no se sueña obligatoriamente con emigrar, como hace veinte años, pero a veces uno se convierte en emigrante in situ, se vive en el trabajo al ritmo de Occidente (lengua, estilo de vida, pero también clima, para satisfacer me­jor a los clientes de la otra punta del mundo), antes de volver brutalmente al ritmo indio”. Poco a poco, esa gente «se inte­gra […] al pseudoestilo de vida norteamericano que se ven obli­gados a adoptar, hasta el punto de sufrir una transformación fundamental; se convierten en su trabajo», comenta Radhika Chadha, una consultora india de estrategia.

«Atravesando los continentes por teléfono, venden pro­ductos y calman los nervios de los consumidores -explica Ahluwalia-. Cada vez que intervienen, sueñan con América. Y mientras sueñan, cambian. ¿Qué es eso de transportarse a un país lejano que nunca has visto? ¿Qué pasa al vivir tan lejos de tu propio cuerpo?».

Tras catorce horas de trabajo, se les ve al amanecer abandonar su identidad nor­teamericana como cenicientas indias y volver a ser lo que son, Namrata, Vandana y Oaref, para ir a acostarse. ¿Con que sue­ñan de día? Con Mujeres desesperadas, con Prison Break o con Jack Bauer, el agente de la serie 24. El caso de metamorfosis más impresionante es el de Naomi, una joven india que se acla­ra la piel y se decolora el cabello para parecerse a Marilyn Monroe. Habla con acento norteamericano incluso fuera del horario laboral. Rubia hasta las cejas, confiesa con un falso acento del medio oeste americano: «Estoy totalmente muy americanizada»

Confinados por la noche bajo los neones de grandes salas de llamadas que resuenan con el bullicio de las conversaciones telefónicas, estos nuevos emigrantes ya no viajan en el espacio, sino en el tiempo. «Teleatraviesan» los continentes. Emigran en el tiempo virtual de una onda telefónica. Atrapados por un mundo virtual del que sólo conocen los folletos comerciales y las series de televisión, estos empleados ven como su identidad se confunde poco a poco con una América fantaseada…

 

 

Storytelling:

La máquina de fabricar historias y formatear las mentes

Christian Salmon

 

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