Aquellos que sufren deben saber (re-ed)

 

Era su primer sermón; había sido nombrado recientemente párroco de aquella linda parroquia. Pensando en sus feligreses le había mantenido dando vueltas una y otra vez a su primera homilía. Quería dar una buena impresión, quería llegarles al corazón con mis palabras.

Nadie sabe cuánto me cuesta plasmar mis pensamientos en palabras, pero me esforcé todo lo que pude por conseguirlo.

La ansiedad   agitaba su cuerpo a medida que se acercaba la hora del encuentro.

Entró en la iglesia, y mientras caminaba sonreía a los presentes. Trataba de mirarlos a los ojos.

Se dirigió al púlpito, pero en el intercambio de miradas no se dio cuenta de que uno de los pasos de la escalera estaba muy gastado. ¡Plasshhh!

La risa se adueñó de la capilla.

En el suelo, con la nariz ensangrentada, comprobó con tristeza como tanto esfuerzo se convertía en  burla.

Entonces una débil luz brillo en su corazón. Se levantó y terminó de subir la escalera. Esta vez miró a los escalones.

Se hizo  el silencio  en la estancia.

– “Esto es lo que vine a enseñarles” dijo desde la tribuna. – Cuando me he caído os habéis reído, pero cuando me he rehecho y llegué hasta mi objetivo no me habeís aplaudido”-.

Miró sin rastro de enojo; sus ojos mostraban la fuerza de sus pensamientos-Los que sufrimos debemos saber que al superar o mejorar nuestros defectos, incapacidades… pocos sabrán reconocer la hazaña: nosotros mismos y los que de verdad nos quieren…estos son los pilares de nuestra fuerza”.

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