Una intrascendente, insustancial e inútil maceta I


– “¡Eres una guarra! ¡No ves que cuando riegas las plantas me inundas mi balcón!”

-“¡Guarra lo serás tú! Tu balcón se moja porque no lo has impermeabilizado adecuadamente. Y yo no pienso dejar morir a mis plantas por tus negligencias”.

-“No sabía el castigo que me esperaba al comprar este piso;  además tus plantas están mal sujetas y un día van a matar a alguien…”

-“Que te jodan”.

Los gritos se oían desde su pequeño despacho. “Ya están de nuevo. Qué vida tan estúpida llevan. Todo el día insultándose.” Se acercó hasta el balcón y cerró la puerta para tratar de amortiguar el sonido de sus gritos. “Menos mal que vivo en un piso superior a los suyos. Si no me vería en medio de la refriega”.

Regresó a su despacho. Antes de volver al trabajo se estiró intentando desperezar sus músculos. “Que vida tan vacía llevaba este tipo de gente: sumidas en la ignorancia desde el principio al fin, sin nada interesante que alimentara sus mentes; a no ser los programas tontos de la tele y sus eternas discusiones. Vidas intrascendentes, insustanciales e inútiles”. Se volvió a sentar, encendió el flexo. “Volvamos al trabajo”.

A nuestro héroe siempre le había apasionado el antiguo Egipto. Era un devorador de todo lo referente a esta cultura. Incluso se había lanzado a estudiar la traducción de la escritura jeroglífica. Ahora estaba enfrascado en rastrear elementos que el cristianismo pudiera haber heredado del antiguo Egipto. Era un firme defensor de que había una relación evidente entre Moisés y el faraón rebelde Amenofis IV; que, aunque no contemporáneos (la distancia temporal es de unos 150 años), el primero pudo ser afectado por el cuerpo de creencias revolucionarias del segundo (un solo dios, un dios que no se debía representar…); no olvidemos que Moisés fue criado y educado en el palacio del faraón: es imposible que a pesar del paso del tiempo no quedaran ecos de Amenofis IV.

Ahora mismo estaba trabajando en la estela del gobernador Inhuretnakht y de su esposa Hui (BM EA 1783). Pieza procedente de Nag´ed- Deir, que estaba fechada en el Primer Periodo Intermedio y representaba un ejemplo clásico del estilo regional en ese particular momento, tanto en términos de sus méritos artísticos como en la fraseología de la inscripción.

Sobre una fotocopia de una ilustración estela había conseguido segmentar el texto: descomponerlo en palabras. Ya que:

Enlaescriturajeroglífica

noseseparabanlaspalabras

nohabíaespacioentreellas.

Esto sería un ejemplo.

Usted no tiene ningún problema en leerlo, pues los artistas egipcios pensaban lo mismo de sus potenciales lectores (básicamente los dioses).

Antes había resuelto el problema de la dirección de lectura ya que escribían de izquierda a derecha o al revés, en función del sentido estético que quisieran realzar. Este era fácil de solucionar, sólo es necesario ver uno de los símbolos que se represente con un animal: por ejemplo mire hacia el final de la primera línea y verán un perro (es un chacal en el nombre del dios Anubis), este mira hacia la derecha: esto indica que este texto debe leerse de derecha-izquierda.

“Bien”.

Ya se había hecho muy tarde, era hora de irse a la cama. Ya seguiría la mañana siguiente.

 

Símbolos e ilustraciones egipcias:

Introducción a los jeroglíficos egipcios

Mark Collier & Bill Manley

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