Labios apretados, ojos cerrados, ansias de llorar.


Llorar puede parecer un acto de lo más sencillo, sin importancia, algo indeseado y que se debe ocultar. Pero por raro que parezca existen personas que desean hacerlo y no pueden, mientras tienen unas lágrimas internas que les esclavizan, ansias de romper una cadena y que el mágico liquido descienda por las mejillas. Eso para mi es la felicidad, y cualquier persona tiene la suya, el miedo nos persigue para intentar encadenarnos, cruel verdugo en su reinado de maldad. Pero a lo lejos se vislumbra una luz, la luz de los sueños, que nos invita a llorar. La vida es sufrimiento, dolor e inseguridad, la incertidumbre se expande por doquier, mientras caminamos al borde de un abismo que no sabemos donde nos llevará. Pero existe una posibilidad de escape, existe un camino, la condición, hay que ser valientes, aceptar nuestros miedos caminando de frente sin evitaciones de una existencia que nos ha tocado vivir.

El deseo produce sufrimiento, pero el sufrimiento también produce deseos, es lícito soñar, y pensar que puede existir una vida mejor. Pero los deseos sin acción son tan dañinos como no desear. El deseo debe ser acción sin fracaso, solo  resultados, el único fracaso que existe es no intentar lo que se desea, no importa conseguirlo, lo sustancial es tener las agallas del intento, sin más. Vivir lo autentico ese es el camino a seguir, el camino del corazón, el camino de las emociones. En cierta ocasión iba hablando con mi sobrino de apenas 8 años, y con el intento de hacerlo enfadar, le pregunte cual era su película favorita para criticarla y decirle que era muy mala. Con este propósito al responderme le dije,” esa película es malísima no sé cómo te puede gustar esa birria”, mi sobrino con toda la tranquilidad del mundo me contestó “pero a mi me emocionó”, que argumento más maravilloso, ¿podemos decir lo mismo de nuestra vida?, un trabajo seguro, un sueldo fijo como objetivo final, ¿nos emociona? La depresión hace estragos en una sociedad cada vez más agobiante, la época de la opulencia, de conseguirlo todo, la época del cumplimiento de los deseos, la felicidad en el exterior, en todas las posesiones que en un lapso de vida se pueda conseguir, mientras tanto la realidad que nadie habla, los suicidios se multiplican, las ganas de vivir se desvanecen, personas deambulando durante el día esperando su dosis de química que les haga conciliar el sueño, ¿en qué nos hemos equivocado? Frases lapidarias en el aire, “no soy nadie”, si tuviera más… todo cambiaría. En cierta ocasión un rico comerciante viajó a un remoto lugar para entrevistarse con el hombre más sabio que existía. Al llegar al hogar del viejo sabio se desilusiono al ver que vivía en la más absoluta modestia, el había pensado que el sabio viviría en una lujosa mansión.

¿Dónde están sus pertenencias? Preguntó el turista, el sabio le contestó ¿y dónde están las suyas? ¿Las mías?, pero si yo estoy aquí solo de paso. “Y yo también” contesto el sabio.

La gran frustración de la vida y responsable del sufrimiento  es lo terrible de enfrentarse a la verdad, de que todo a nuestra alrededor es pasajero y transitorio, incluido nosotros. Nosotros intentamos combatir este miedo aferrándonos con fuerza a cosas fijas, llámense juventud, seres queridos, vida etc… Nos vemos separados de esta realidad como un ser pensante que observa el mundo mientras todo se trasforma, pero es que nosotros somos parte de esa realidad y perpetuamente vamos fluyendo y cambiando, siendo incluso nuestro yo algo inconstante e ilusorio. ¿Por qué sufrir? ¿ Por qué seleccionar de este fluir constante de nuestro yo  una imagen y castigarnos con ese momento de una parte de nosotros?  El apego nos condena a poseer cosas que creemos firmes y duraderas, como puede ser una imagen determinada de nosotros, un amor, un trabajo, una época etc… Pero todo es cambiante y pasajero, eterno círculo: samsara. Debemos lanzarnos a la corriente y disfrutar mientras nos  transporta por  el  camino de la vida.

       ¡Que maravilla, que misterio¡

                                   transporto leña, saco agua.

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