les brinda a los ricos lo superfluo…


En los supermercados, vemos el mismo truco: productos que pare­cen haber sido empaquetados con el expreso propósito de transmitir mala calidad. Los supermercados a menudo producen una línea «económica» con la marca del supermercado, que tiene toscos diseños, todos iguales, ya se trate de limonada, pan o alubias en salsa. No cos­taría mucho dinero contratar a un buen diseñador e imprimir unos logotipos más atractivos, pero eso iría en contra del objetivo: el enva­se esta cuidadosamente diseñado para desalentar la compra de ese pro­ducto por parte de aquellos clientes que están dispuestos a pagar más dinero. Hasta los clientes que estarían dispuestos a pagar cinco veces más por una botella de limonada comprarán el producto más barato, a menos que el supermercado haga algún esfuerzo por desalentarlos. Por lo tanto, al igual que la falta de mesas en los vagones de tercera clase de los trenes y de los incómodos asientos en las salas de espera de los aeropuertos, el feo envase de los productos «económicos» está diseñado para asegurar que el cliente refinado se autofije los precios más altos.

Los ejemplos más sorprendentes provienen del mundo de los orde­nadores. Por ejemplo, la impresora láser de baja calidad LaserWriter E de IBM resultó tener los mismos componentes que la impresora de alta calidad LaserWriter de esa misma empresa, y la única diferencia era que en la versión más barata había un chip adicional que la hacia más lenta. La forma más efectiva para que IBM fijara el precio de sus impresoras con arreglo al cliente era diseñar y producir en masa una única impresora y luego venderla a dos precios distintos. Claro está que, para lograr que alguien comprara la impresora cara, debía hacer más lenta a la barata. Parece un verdadero desaprovechamiento del pro­ducto, pero aparentemente era más barato para IBM hacer esto que diseñar y fabricar dos impresoras completamente diferentes. Intel, el fabricante del chip, hizo una jugada similar al vender dos chips pro­cesadores muy parecidos entre sí a diferentes precios. En este caso, el chip de inferior calidad era realmente el más caro de producir: se obtuvo desactivando una de las funciones del chip superior, para lo cual debla hacerse un trabajo adicional.

El economista camuflado

Tim Harford

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