Belleza simétrica y asimétrica II


Belleza asimétrica: una promesa de espiritualidad

“…El salón de té -en japonés sukiya- no pretende ser otra cosa que una choza o habitáculo de agricultor, una habitación de paja, como decimos sencillamente nosotros.

Los caracteres ideográficos originales de sukiya traducidos literalmente, significan: la Morada de la Fantasía.

A través del tiempo, los diversos maestros del té modificaron un tanto los caracteres chinos, de confor­midad con su personal concepción del salón de té, de suerte que el vocablo sukiya vino a significar igualmen­te la Morada del Vacío y la Morada de lo Asimétrico.

Es, efectivamente, la Morada de la Fantasía, en cuanto que no es sino una construcción efímera, erigida para servir de asilo a un impulso poético. Es, además, la Morada del Vacío, ya que se presenta desnuda de toda ornamentación y en consecuencia, ofrece espa­cio donde colocar libremente cuanto se pueda para satisfacer un capricho estético pasajero. Es, finalmente, la Morada de la Asimetría, porque esta consagrada al culto de lo Imperfecto y porque se deja en ella adrede siempre algún detalle inconcluso, para que las imagina­ciones juguetonas lo rematen a su placer.­

El nombre de Morada de la Asimetría dado a la sala del té, simboliza otra fase de nuestro sis­tema decorativo. Los críticos de Occidente han escrito largo y tendido acerca de la ausencia de simetría que caracteriza a los objetos de arte japoneses. Eso es tam­bién una consecuencia de la elaboración de los ideales taoístas a través del zenismo.

El confucianismo y el budismo del Norte no se oponían a la expresión de la simetría. En realidad, si estudiásemos los viejos bronces de la dinastía T’ang y el pasado Nara, reconoceríamos un constante esfuerzo por la simetría. La decoración de nuestros interiores clásicos era rigurosamente regular en su disposición.

Pero el concepto taoísta y Zen de la perfección era muy diferente. Ambas escuelas atribuían mayor impor­tancia a la manera de buscar la perfección misma. La verdadera belleza solamente llega a descubrirla aquel que mentalmente completa lo incompleto. La fuerza de la vida y del arte descansa en sus posibilidades de crecimiento.

En el salón de té, corresponde a cada invitado completar por medio de la imaginación y según sus gus­tos personales, el efecto del conjunto. Desde que el zenismo llegó a ser la manera de pensar dominante, el arte de extremo Oriente evitó de una manera deliberada lo simétrico, no sólo porque representaba una repeti­ción.

La uniformidad del dibujo fue considerada como fatal para la frescura de la imaginación. De este modo, los paisajes y las flores han devenido los temas favori­tos de la pintura, más que la figura humana, cuya pre­sencia esta sólo en la mente de quien la mira. A un hombre le gusta demasiado estar en escena, y a despe­cho de nuestra vanidad nos cansamos pronto de con­templarnos nosotros mismos…”


El libro del té

Kakuzo Okakura

 

 

Si el universo, en su principio, no hubiese sido ligeramente asimétrico, no existirían las galaxias, las estrellas, los planetas…No existiría la vida.

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