El tema del yo o del alma como una realidad es un asunto sin solu­ción y pensar en él conduce a la ilusión


El silencio es rasgo característico en la vida del Buddha y en los más de cua­renta años de su enseñanza, hasta llegar a ser la respuesta por antonomasia para cualquier cuestión de tono metafísico. Al parecer el Buddha no estaba interesado en discutir cuestiones metafísicas, pues son mera especulación y ge­neran problemas gratuitos:

“¿Existí en tiempos pasados, o no? … ¿Existiré en edades futuras? … “Después de todo, ¿exis­to, o no existo? ¿Cómo soy yo? Esto es un ser; pues bien ¿de dónde ha venido y adónde irá?”. “En aquel que necesariamente considera esto, emerge una de las seis nocio­nes (absurdas} “Como algo ver­dadero y real él obtiene la idea, “¡yo tengo un sí mismo!” […] “¡yo no tengo un sí mismo!” […] “por mí mismo, ¡Yo soy consciente de mí!” […]. “0, también, obtiene la idea, “este alma mía puede ser percibida, ha experimentado los resultados de las acciones buenas y malas cometidas aquí y allí: aho­ra este alma mía es permanente, duradera, eterna, tiene la cualidad inherente de no cambiar nunca, y continuará por siempre”. “A esto hermanos, se denomina caminar por la ilusión, la jungla de la ilusión

(Sabbasava Sutta . En la traducción de T.W. Rhys Davids)

El tema del yo o del alma como una realidad es un asunto sin solu­ción y pensar en él conduce a la ilusión. Aún más, cuando alguien preguntó al Buddha sobre la exis­tencia del alma, y si, después de la muerte, todavía existía, el perma­neció en silencio.

En otro texto ha­llamos la conversación entre el Buddha y el discípulo Malunkya­putta. Ante sus vehemen­tes preguntas sobre problemas metafísicos, el Buddha responde:

“¿Te he dicho: Ven, Malunkya­putta, y sé mi discípulo. Quiero enseñarte si el mundo es o no eter­no, si es limitado o infinito, si la fuerza vital es idéntica al cuerpo o es distinta de él, si el Perfecto so­brevive o no sobrevive después de la muerte, o si el Perfecto después de la muerte sobrevive y no sobrevive al mismo tiempo, o si sobrevive ni no sobrevive? “…

Malunkya­putta: “Tu no me has dicho eso, Señor”.

Buddha:”En­tonces no me pidas que te explique eso ahora.” Y le pone el célebre ejemplo de un hombre herido por la flecha en­venenada, que no quisiera curar­se de la flecha antes de saber quién le había herido y por qué lo había herido, etc. Buda dice: Con razón sus parientes no atenderán esas preguntas y se dedica­rán simplemente a buscar al mé­dico y curarlo de la herida. Lo mismo sucede en este caso. “Por­qué el conocimiento de estas co­sas no hace ningún progreso en el camino de la santidad, porque eso no sirve a la paz y a la iluminación. Lo que sirve para la paz y para la iluminación, he aquí lo que Buda ha enseñado a los su­yos: la verdad sobre el dolor, la verdad sobre el origen del dolor, sobre la supresión del dolor, so­bre el camino que lleva a la supresión del dolor… (Filosofía budista I. Quiles)

 

Puede consultarse:

El silencio de Buda

R. Panikkar

Diccionario antológico de budismo

Mª Teresa Román

 

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