TRES CLAVES PARA AFRONTAR NUESTRA LUCHA COTIDIANA (TERAPIA DE ACEPTACION Y COMPROMISO- ACT) III


No controle su mente: enfréntese y cambie su entorno

Hoy en día, mucha gente opina que los psicólogos y psiquiatras gozan de una profesión con un futuro feliz, dado que los problemas de la gente en nuestra sociedad no hacen sino crecer. Sea cierto o no que, por esta causa, son buenas profesiones y aunque, naturalmente, este incremento no se pueda achacar a su falta de efectividad -que duda cabe de que miles de personas se han beneficiado de su traba­jo-, la verdad es que también nos corresponde a nosotros erradicar una idea errónea sobre el trabajo psicológico. Esta idea consiste en creer que siempre hay procedimientos eficaces para enseñar a la gen­te a controlar su mente.

Todos sabemos que muchos tienen la certeza de que realmente han aprendido a controlarla, que han dado con métodos para sentir­se mejor ante los problemas, y que estas soluciones les resultan efica­ces incluso al más largo plazo. Más, cualesquiera que sean esos métodos, de lo que puede usted estar seguro es de que nadie ha dado con un procedimiento psicológico general ideal, gracias al cual se relaja o se libe­ra de sus obsesiones y preocupaciones o se desembaraza de sus ata­ques de pánico o supera su tristeza siempre que lo necesita y duran­te tanto tiempo como desea. Simplemente porque en la mayoria de los casos el problema no esta en la mente sino en la realidad.

Es obligación de los psicólogos quitar esa falsa esperanza alas personas que vienen solicitándonos esos métodos. Es una ilusión halagadora para los psicólogos, pues los reviste de un atractivo espe­cial, casi mágico (los hombres que pueden controlar su mente y ense­ñarlo a los demás), pero absolutamente falsa. Cuando se conoce a un psicólogo personalmente se advierte que es una persona como todos los demás respecto a los problemas psicológicos. “Hasta Napoleón es un hombre cualquiera para su ayuda de cámara”.

Aunque parezca una contradicción, mientras estemos intentando controlar nuestra mente, no la estaremos controlando realmente. Y es que el “mundo mental” tiene unas reglas bien distintas a las del mun­do externo: mientras en este último, cuando no quieres algo, en gene­ral, lo puedes evitar (alejándote, apartándolo, cambiándolo, etc.), en el primero, en nuestro interior, si conscientemente quieres desemba­razarte de algo no dejas de tenerlo presente. Por tanto, mantener una postura en la que buscamos desprendernos de pensamientos que no deseamos, de la ansiedad o de un bajo estado de ánimo tendrá como consecuencia exacerbar estas situaciones. Es algo parecido al resulta­do que da esforzarse mucho por ser espontaneo.

Como ejemplo, detengámonos un momento en la siguiente situación. Varios estudios han revelado que los profesores de instituto (en particular, los de Secundaria) sufren, como ningún otro colectivo, pro­blemas mentales y físicos. Los profesores que los padecen no se dis­tribuyen de forma equivalente entre todos los institutos de España, en absoluto: en algunos de ellos muchos docentes sufren estos proble­mas, mientras que en otros casi ninguno está afectado. Si poseyésemos la capacidad para controlar nuestros sentimientos y manejar nuestras emociones: ¿no estaría repartida entre todos? ¿Es que el colectivo de profesores es particularmente inhábil en esta destreza en algunos lugares de España o en algunos barrios? Evidentemente el problema está en el entorno: algunos institutos son mucho más estre­santes que otros. Si plantearamos que la solución de este problema pasa por ofrecer apoyo emocional a los profesores, enseñarles a calmarse, a no tomárselo tan a pecho, a ser positivos, etcétera, (es decir, los remedios habitua­les), en vez de cambiar las circunstancias externas que les llevan a enfermar (el clima de los institutos conflictivos), estaremos ofrecien­do un modelo inútil e ilegitimo éticamente.

Está claro que a muchos les interesa que cualquier problema sea un problema mental, o sea convertir los problemas del paro, la presión del trabajo abusivo, las pésimas condiciones sociales en problemas psicológicos del individuo y por lo tanto culpabilizarlo de su situación. Mientras la sociedad sigue siendo injusta e implacable, y muchos se aprovechan de ello. Por lo tanto pensamos que menos tomadura de pelo de “control mental y pensamiento positivo”,  y más preocuparnos de cambiar el mundo en que vivimos, para hacerlo más justo que es lo único que nos traerá la felicidad.

Somos más partidarios del afrontamiento que del cambio de pensamiento, somo más partidarios de mejorar la realidad que  de cambiar nuestra cognición. Con esto no queremos excluir totalmente ningún método psicológico. En cada caso particular hay que valorar cual tratamiento puede ser más efectivo. Y desde luego no es lo mismo una fobia, que una obsesión o una depresión, y cada uno requiere un abordaje adecuado. Lo que queremos es desenmascarar las recetas facilonas y engañosas del “si no es feliz cambie su pensamiento”, donde se esconde la mano de la estafa y la sutil represión.


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