EL DESEO NUNCA APRENDE; NUNCA DESPIERTA. INCLUSO CUANDO NO PRODUCE MÁS QUE SUFRIMIENTO, PERSEVERA II

Pero la perseverancia de Nasruddin es una pista de lo imposible que resulta abandonar el barco. Después de todo, es un maestro iluminado, no sólo un mentecato. Te guste o no -dice- el deseo no te dejará en paz. Hay en el espíritu humano una desesperación que no aceptará una negativa. El deseo hace que sigamos adelante, incluso cuando nos toma el pelo. Como también le gustaba decir a Freud, el deseo «empuja siempre indómito», impulsándonos a encontrar y a usar nuestra creatividad, impeliéndonos hacia un objetivo esquivo pero, aun así, apremiante.

La parábola de Nasruddin plasma la solución a la insaciabilidad del deseo así como el problema. No pone trabas a su deseo, a pesar de la angustia que le produce. En su llanto no cohibido, en su aceptación implícita de los peligros y de las promesas del anhelo, hay una sabiduría oculta relacionada con las exigencias implacables del deseo. Nasruddin no pide disculpas por su deseo; persiste impasible a pesar de su apreciable sufrimiento. Tampoco lucha con sus lágrimas en un esfuerzo por hacer que cesen. No interfiere ni con la tristeza ni con el anhelo. Aunque conocedor de su propia insensatez, Nasruddin no se resiste. Parece saber que, a pesar de sus lágrimas, hay un placer que proviene de perseverar.

Me atrae esta historia debido a la manera en que encarna la naturaleza perturbadora y apremiante del deseo. Como psiquiatra y psicoterapeuta, tengo contacto diario con clientes cuyas historias se asemejan a la de Nasruddin. Una y otra vez realizan comportamientos que desde cualquier punto de vista racional deberían abandonar. Sus frustraciones se vierten en mi consulta como las lágrimas de Nasruddin. A veces me tienta responder como los amigos de Nasruddin. «¿Por qué no lo dejas?», les quiero decir. «¿Por qué no tiras la toalla?» Como terapeuta que ha recibido influencias no sólo de las percepciones de la teoría psicodinámica sino también de la sabiduría de la psicología budista, me resultaría fácil adoptar esta posición. La lectura de las enseñanzas de Buda sugiere ciertamente que la única solución para el sufrimiento neurótico radica en abandonar enteramente el deseo. Gran parte del pensamiento oriental se basa en la idea de que la renuncia es la clave de la evolución espiritual y psicológica. «¿Por qué buscar el placer si esa búsqueda es la causa del sufrimiento?», preguntan muchos maestros de Oriente. Pero a lo largo de los años he llegado a apreciar que, si bien existen un momento y un lugar apropiados para este tipo de lógica, el deseo puede ser un aliado importante además de un enemigo.

 

 

Abiertos al deseo

Mark Epstein

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