DE OPTIMISMO TAMBIÉN SE MUERE III

Aceptar el miedo

Cruz sabe bien de lo que habla. Hace tres años, al tener más tiempo libre debido a la crisis, decidió crear un grupo de optimismo y capacidades de superación. La idea surgió a raíz de su contacto y experiencia con personas que padecían enfermedades graves y ahora se ha extendido a todo el mundo.

Frente al “todo depende de cómo lo enfoques”, Cruz pone como ejemplo los efectos de la pérdida del empleo. “El paro es un problema real y sentir miedo es la emoción normal, es una reacción neurofisiológica y bioquímica que permite dar una respuesta adecuada para afrontar la situación con realismo y así adaptarse”, argumenta. Dicho de otro modo, vivimos la realidad a partir de las expectativas y la interpretación que hacemos de ella.

Aceptar los aspectos positivos y negativos de una situación adversa es clave para interpretarla

 

“La situación de crisis económica genera mucha angustia, lo que supone una disminución del rendimiento y desmotivación, porque los despidos y la inseguridad, unidos a pensamientos de miedo e indefensión, activan un potente mecanismo de alerta neuronal. ¡Para el cerebro es como si un dinosaurio estuviera a punto de atacar!”, explica.

A su juicio, es muy desconcertante para la persona que vive una situación difícil recibir en paralelo mensajes contradictorios a través de los medios de comunicación que “te bombardean con la crisis y a la vez te dicen que serás feliz si compras un coche”. “Estas noticias ciclotímicas, donde el falso positivismo y el optimismo no realista se alternan con un pesimismo culpabilizante, generan un tremendo estrés psicológico de efecto anestesiante”, explica.

Este experto, que tiene hasta un grupo de optimismo en Facebook y en Twitter, recomienda conectar primero con la realidad por dura y dolorosa que sea y comprender cómo funciona nuestro cerebro a nivel neurocognitivo. Esto permitirá aceptar que en la vida hay aspectos positivos y negativos que son complementarios, algo necesario para poder modificar nuestra forma de procesar e interpretar una situación adversa.

“Estoy convencido de que a través del optimismo emocionalmente inteligente conseguiremos que esta crisis nos una y dejar como herencia un crecimiento sostenible”, sostiene Cruz. «En la escuela de optimismo no negamos que haya un problema o una desgracia. El trabajo es convertir el excremento en abono. Pero siempre hay quien prefiere camuflar los detritus”, remata.

 

Elmundo.es

 

Rocío Galván | Madrid

 

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