COMPRAR UNA DOSIS DE SUEÑOS PARA SOBREVIVIR HASTA LA SEMANA SIGUIENTE

 

Era lunes, me dirigí adquirir el billete de lotería. Me fui a comprar mi dosis de sueños para la semana. Desde que las cosas se pusieran tan feas en cuanto al trabajo, se había convertido en un ritual. Después cogí el autobús para acudir al curso de tecnología del Instituto de Empleo.

Con el billete de lotería en el bolsillo ya podía entregarme a un sinfín de probables futuros extraordinarios. Acomodado en el asiento del autobús me podía sumergir en mis sueños. Si me ganaba un gran premio podría olvidarme de volver a trabajar: me fijaría una cantidad mensual adecuada que me permitiría sobrevivir tranquilamente. Si fuera un premio menor, por lo menos me daría para aguantar bien sin angustias unos cuantos años.

En el autobús, echado en el sillón de casa o antes de irme a dormir tenía una dosis adecuada de sueños para seguir el  camino. Y así una semana entera.

Aunque el sorteo se celebraba cada jueves, yo no sacaba del cajón del escritorio el billete de lotería hasta el domingo por la noche. Entonces acudía al ordenador y comprobaba el número. Si no había premio, mañana tendría mi dosis nueva de sueños.

Siempre adquiría la lotería al azar, no quería fijarme en el número comprado; así aunque durante la semana oyera el billete premiado podría mantener la incertidumbre hasta la noche del domingo; cuando iba a la gaveta y recuperaba el décimo  comprado.

Tenía que comprar sueños al menor coste posible. No me podía permitir el gastar mucho dinero en la compra de lotería, por eso aplicaba la estrategia semanal: un billete, y solo uno, cada siete días.

Qué cantidad de sueños adquiridos durante tanto tiempo, cuantos buenos ratos imaginando mundos imaginarios. Sueños que me permitieron seguir y seguir luchando en buenas condiciones de ánimo; que era, creo, la mejor manera de enfrentarme al mundo día a día.

Al final conseguí un trabajo y vivo tranquilamente en paz. Hace mucho tiempo que ya no compro lotería. Pero siempre recuerdo aquellos tiempos y los sueños que disfrutaba cada semana. Y ahora, cuando vuelven esos momentos a mi mente vienen impregnados del aroma de aquellas ensoñaciones, y ya no me parecen tan duros como realmente fueron.

 

 

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