LA SATISFACCIÓN NARCISISTA SE CONVIERTE EN EL TEMA CENTRAL DE LA SOCIEDAD CONTEMPORANEA I


La agonía del mayo del 68 francés y de todos los movimientos contraculturales fue tal vez el fin de la esperanza de un mundo mejor, de la creencia en el progreso sin fin de la humanidad. La élite contestataria hubo de percatarse de que el fin de la modernidad había co­menzado. Con el final de la utopía, cundió el pesimismo. En 1979 el sociólogo norteamericano Christopher Lasch publicó un lúcido análisis de esa época, condensado en su libro La cultura del narcisismo. Decía: «Tras el torbellino político de los años sesenta, los ciudadanos occidentales se repliegan a cuestiones meramente personales. Sin esperanza de mejorar su vida en ninguna de las formas que verdaderamente importan, la gente se convenció de que lo importante era la mejoría psíquica personal: contentarse con los sentimientos, ingerir alimentos saludables, tomar clases de ballet o de danza del vientre, imbuirse de la sabiduría oriental, caminar sin fin, trotar, aprender a relacionarse, superar el miedo al placer. Inofensivas en sí mismas, estas búsquedas, cuando son elevadas a la categoría de programa y se encumbran en la retórica de la austeridad y la apertura de la conciencia, implican un alejamiento de la política y un rechazo del pasado reciente. La gente dedicaba toda su energía a las diversas estrategias de supervivencia, a medidas diseñadas para prolongar la vida, o para asegurarse una buena salud, tranquilidad y bienestar personal.

Vivir el momento era la idea dominante: vivir al día y para uno mismo, perdiendo el sentido de la continuidad histórica y el sentimiento de pertenencia a una secuencia de generaciones originada en el pasado y que había de prolongarse en el futuro. Había que olvidar el pasado y no pensar en el futuro. En 1973, Tom Wolfe interpretó el nuevo narcisismo como «un tercer gran despertar, una inyección de religiosidad orgiástica y con perfiles de éxtasis». Y dos años más tarde, Jim Hoogan afirmaba que el narcisismo se había transformado en el «tópico de los setenta», y que el narcisismo colectivo era la actitud dominante: «Puesto que la sociedad no tiene futuro, tiene sentido vivir solo el momento, fijar la mirada en nuestro desempeño particular, transformarnos en expertos de nuestra propia decadencia, cultivarnos una conciencia trascendental». La cosmovisión se cerraba en el sí mismo, considerando la supervivencia como su único fin.

 

 

 

Biografía del miedo

Enrique González Duro

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