NO PRESTÉIS ATENCIÓN A LO QUE HA SIDO ADQUIRIDO A FUERZA DE OÍRLO REPETIDAMENTE II

Al igual que muchos otros honestos pensadores, Buda enseño que el deseo, el afán de posesión y la envidia eran la causa de numerosos males personales y so­ciales; predicó contra la guerra y la esclavitud y denunció las llamadas prácticas sagradas que tienen como consecuencias el sacrificio de animales o seres humanos. Como maestro se dirigió a los ricos y poderosos, a los pobres y débiles. No tuvo en cuenta las diferencias de clase del sistema de castas y ayudó tanto a nobles como a pobres de las clases más bajas; admitió en su grupo de seguidores a todos los que quisieron seguirle.

Buda afirmó que aquí, en esta vida, se podía conseguir y realizar plenamente un estado de paz, no por sacrificios a los dioses, ni por oraciones, sino por un esfuerzo incesante y por la abnegación lentamente perfeccionada.

El Budismo no es una filosofía que se acepta ciegamente de una vez por todas; tiene que ser comprendida y constantemente investigada. Buda dijo: «Aceptad mis palabras sólo y después de haberlas comprobado vosotros mismos; no las aceptéis simplemente por la veneración que me profesáis». Aunque en el transcurso del tiempo el Budismo ha sido a veces afectado por la tradición, ritos, etc., su fundador no pretendió que fuera otra cosa sino un método que había que comprobar. La confianza en sí mismo y la tolerancia son las claves del pensamiento budista. Buda dijo muchas veces: «Vosotros mismos sois los que tenéis que hacer el esfuerzo, los Budas sólo indican el camino». Por consiguiente, el Budismo nunca podría ser una fe proselitista. Ciertamente, el seguidor de la enseñanza de Buda es exhortado a usar dicha enseñanza únicamente «como balsa para cruzar la corriente». Una vez conseguido el objetivo, Nibbana, la balsa, debe ser abandonada.

Las últimas palabras de Buda fueron éstas: «Perseverad atentamente». Perseverar en la atención es ver el mundo claramente y ver a nuestros prójimos claramente, sin juicio, sin envidia, sin odio. Para lograr esto es necesario que nos conozcamos íntimamente y que conozcamos la fuente de felicidad e infelicidad que yace en nuestro interior.

Introducción al budismo

H. Saddhatissa

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