MI MUNDO Y EL DE LOS DEMAS

 

 

Alguna vez se han cuestionado si ven la realidad como los demás. Si un mismo hecho no tiene como mínimo tantas versiones como personas lo ven. No estoy hablando de Física sofisticada ni de Universos paralelos, sino de algo más vulgar y a ras de suelo. No cuestiono que la realidad que nos rodea cambie según los ojos que la miran, sino que es la interpretación de tales hechos la que puede variar dependiedo del observador.

Ustedes no se han enfadado cuando van a cruzar un paso de peatones y un coche no detiene su marcha sino que, por no perder un minuto de tiempo, pasa de largo a la misma velocidad; no me digan que no piensan: “mira al cabrón egoísta incívico este”.  Como este deben tener ustedes miles de ejemplos. Recuerden acciones que le han molestado, y de cómo ese odio surge desde nuestro interior  y se proyecta al infractor.

A lo mejor ustedes piensan, y quizás tengan razón, que el caso que han recordado es obvio y que tal sensación de malestar generada tiene un claro culpable. Que no ven nada cuestionable en la valoración. Tambien pueden considerar que tales hechos son triviales y sin importancia. Aunque yo les diría que las circunstancias mas simples ya nos permiten analizar nuestro mundo.

Sigamos por esta senda. Ahora yo les preguntaria: resbalar por culpa de una cascara de plátano es un fenómeno que todos juzgaríamos igual. No es un chiste.

Imagínense  que van por la calle tranquilamente, y ¡zass! resbalan al pisar una cascara de plátano que no habían advertido en su camino. Reflexionen por un momento, cuál sería su reacción… Yo se los digo: “quién fue el hijo de p… que tiró esto en el suelo….”

Todos pensaríamos más o menos algo parecido.

Ahora pongámonos de espectadores. Esta vez estamos tranquilamente sentados en una terraza echándonos una cervecita y vemos como alguien resbala al pisar una cascara de plátano.  Imaginen por un momento, cuál sería su reacción… : “mira que ese tipo es torpe, a la vez que soltamos una carcajada”.

Una misma acción, un mismo hecho, dos perspectivas totalmente diferentes: dos sensaciones y dos sentimientos claramente opuestos. Unos de rabia y otros de burla.

Ahora recuerden aquel día que iban con prisa o con la cabeza llena de problemas y no se percatan del peatón que empieza a caminar por el paso de peatones y ya no te da tiempo a parar y el viandante tiene que frenar en seco para evitarte. Piensen en que sintieron…

Ya sé que pueden parecer tonterías, pero que bien nos sentiríamos si pudiéramos ponernos en la perspectiva de lo que siente el “OTRO”. Aunque fuera unas pocas veces.

 

 

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