NO DEJEMOS QUE NOS INOCULEN EL MIEDO I

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Nuestras sociedades son hoy mucho más seguras que en épocas pasadas, por mucho que sintamos lo contrario; sobre todo si nos remontamos a etapas  en las que  el ser humano podría ser merendado – o cenado- con cierta facilidad por sus depredadores, y donde su esperanza de vida no iba mucho más allá de la veintena de años. Pero a pesar de la continua mejora de nuestra seguridad, seguimos teniendo miedo…mucho miedo; incluso podemos afirmar que actualmente vivimos en el tiempo de la ansiedad, del temor inútil.

Tenemos miedo a un atentado terrorista, tenemos miedo viajar en avión, tenemos miedo a un accidente de tráfico, tenemos miedo a padecer un cáncer, tenemos miedo al SIDA, tenemos miedo a perder el trabajo, tenemos miedo a que nos deje nuestra pareja, tenemos miedo a que nuestro hijo tenga malas amistades, tenemos miedo a hacer el ridículo, tenemos miedo a engordar, tenemos miedo a envejecer, tenemos miedo a la muerte, tenemos miedo a vivir…Un miedo que en estos últimos tiempos se fomenta también desde el propio sistema para desviar la atención de la realidad y dirigirla al propio ciudadano: si no piense en como los informativos se llenan con noticias de ataques y amenazas terroristas, con posibles pandemias…

anciana-gripe-porcinaTranquilicémonos  por un momento, no dejemos que la corriente nos arrastre, e intentemos clarificar nuestras ideas.El miedo es un proceso que nos permite detectar el peligro y nos urge a adoptar respuestas que aumenten nuestras posibilidades de superarlo. Por lo tanto, es un mecanismo que nos ha permitido sobrevivir hasta ahora; pero es posible que, en el tipo de ambiente donde vivimos actualmente, se haya quedado obsoleto: que esté dando muchos más problemas que ventajas.

La probabilidad de que ataque, u otro tipo de amenaza violenta es ínfima. La mayoría de nuestros peligros se circunscriben a interacciones sociales, donde la amenaza a nuestra integridad es muy baja (tengan en cuenta la facilidad con la que cualquier compañía le hace un seguro de vida); pero así y todo, esa poderosa sensación que surge de nuestro interior: la experiencia del miedo, sigue intacta. Lo que en otro tiempo permitía a nuestro cuerpo prepararse para el ataque, defensa o huida, se muestra ahora absolutamente arcaica y contraproducente: descargas de adrenalina, aumento de la tensión sanguínea… para qué… Por que estemos en un atasco y podamos llegar tarde al trabajo debemos estar listos a saltar al cuello de alguien. ¿Podemos atacar o huir del  exceso de coches?

Porque la mayoría de los miedos que nos acosan carecen fundamento, la mayoría de nuestras respuestas son desproporcionadas, y realmente no nos ayudan a enfrentarnos adecuadamente a nuestra realidad. Al contrario nos ponen tensos, enturbian nuestro entendimiento: llevándonos a respuestas precipitadas, inadecuadas.

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