EL AZUCAR: EL SABOR DULCE DE LA ENFERMEDAD I

 

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La guerra del azúcar ha comenzado, al menos, en EEUU. El campo de batalla se divide entre las teorías conspirativas, el derecho y la crisis de los sistemas nacionales de salud. Todo ello espoleado por la relación entre el consumo de azúcar, la adicción y el aumento de peso que el endocrino Robert Lusting argumentó en una conferencia impartida en el centro de Medicina Integral de la Universidad de California. Las redes sociales fueron las que sacaron sus teorías de la academia, popularizando así el vídeo con la intervención de Lusting, titulado Azúcar, una verdad incómoda .

 “Los peligros para la salud que causa el azúcar justifican la implantación de una nueva legislación que regule su venta y las cantidades máximas permitidas como aditivo para edulcorar los productos alimenticios, del mismo modo que se hace con el alcohol o el tabaco”, concluía el artículo Public health: The toxic truth about sugar firmado en la revista científica Nature por Lusting junto a las investigadoras Laura Schmidt y Claire Brindis.

Este ultimátum se explica porque, según los autores del artículo, “la ubicuidad del azúcar en las dietas occidentales están generando una sociedad enferma, obesa y en bancarrota”, debido a los altos costes de sufragar la atención sanitaria a las personas con sobrepeso. “Las enfermedades derivadas de la obesidad están engullendo el presupuesto del sistema de salud a más velocidad de la que podemos imprimir los billetes”, sentencia elocuentemente en Fat Chance.

Las calorías “malas”

Lusting trata de demostrar ahora que no todas las calorías son iguales, ya que el metabolismo reaccionaría de diferente manera ante unas y otras. En el caso del azúcar, dice, sus calorías alteran el funcionamiento normal de nuestro organismo, provocándonos más hambre y cansancio y, por ende, nos vuelve sedentarios. Esto es porque dispara los niveles de insulina, la cual se nutre de las calorías y las almacena en el tejido graso, tal y como comenta en sus investigaciones.

El convencimiento de que no son las conductas alimenticias ni el sedentarismo las que nos hacen engordar, sino los desequilibrios hormonales y de los niveles de insulina, guía las tesis centrales defendidas por este endocrino norteamericano. De hecho, la receta estrella de la consulta de Lusting es un medicamento para corregir la segregación de insulina, con la que asegura que sus pacientes tienen menos apetito y más vitalidad. Él mismo se suele poner como ejemplo al asegurar que perdió 15 kilos en un período relativamente corto de tiempo reduciendo el azúcar de su dieta.

Elconfidencial.com

Ivan Gil

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