DAVE

nevasport

Pero fue Dave el que sufrió más que todos. Algo  había pasado con él. Se hizo más taciturno e irritable, y tan pronto instalaban el campamento se hacía su nido, donde su conductor le llevaba la comida. Una vez desenganchado de sus arneses y postrado en el suelo no volvía a incorporarse hasta que llegaba la hora de aparejarle los arneses por la mañana. A veces, estando a las riendas recibía una brusca sacudida al pararse el trineo, o al esforzarse para arrancado, gritaba de dolor. El conductor lo examinó, pero no pudo encontrar nada. Algo malo tenía en su interior, pero no pudieron localizar ningún hueso roto, no consiguieron resolver nada.

Cuando llegaron a Cassiar Bar, estaba tan débil que se caía continuamente entre las riendas. El mestizo escocés hizo un alto y lo sacó del equipo, amarrando al siguiente perro, Sol-leks, al trineo. Su propósito era dejar descansar a Dave, permitiéndole que corriera libremente detrás del trineo. Enfermo como estaba, Dave tomó muy a mal que le apartaran, protestando y gruñendo mientras le desenganchaban las riendas, y luego se lamentó con el corazón roto al ver que Sol-leks ocupaba la posición en la que él había prestado sus servicios durante tanto tiempo. Porque el orgullo de las riendas y del camino era su orgullo, y aun enfermo de muerte no podía soportar que otro perro hiciera su trabajo.

Cuando el trineo arrancó, trastrabilló por la blanda nieve junto al camino trillado, atacando a Sol-leks con sus dientes, lanzándose sobre él y tratando de arrojado sobre la blanda nieve del otro lado, intentando meterse en sus riendas y colocarse entre él y el trineo, todo al tiempo gimiendo y ladrando y llorando de dolor y de pena. El mestizo trató de apartado con el látigo, pero él no hacía ni caso de los golpes del látigo, y el hombre no se sentía con fuerzas para castigado más duramente. Dave se negaba a correr tranquilamente por el camino detrás del trineo, donde el camino era fácil, sino que continuó trastabillándose por la suave nieve, por donde la marcha era más difícil, hasta que se agotó. Entonces cayó y allí permaneció aullando lúgubremente, mientras la larga fila de trineos se deslizaba junto a él.

Acudiendo al último reducto de sus faenas consiguió acercarse tras ellos, hasta que la fila se detuvo de nuevo, entonces llegó trastrabillando hasta llegar a su trineo, donde se detuvo junto a Sol-leks. El conductor hizo un alto, a fin de pedir fuego para su pipa al hombre que venía detrás. A continuación regresó y puso en marcha a sus perros. Estos se lanzaron por el camino sin esfuerzo alguno, volvieron la cabeza atónitos y se pararon llenos de sorpresa. También el conductor estaba sorprendido; el trineo no se había desplazado. Llamó a sus compañeros para que presenciaran el espectáculo. Dave había mordido con sus dientes las riendas de Sol-leks, y se hallaba justo enfrente del trineo, exactamente en su puesto.

 

La llamada de la naturaleza

Jack London

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s