AMOR V: EL DESEO NUNCA APRENDE

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Un hombre se sienta en el centro de un mercado de Oriente Próximo llorando a lágrima viva, con una bandeja de pimientos desparramados en el suelo delante de él. Va cogiendo pimiento tras pimiento, regular y metódicamente, metiéndoselos en la boca y masticándolos de manera deliberada, a la vez que solloza incontrolablemente.

«¿Qué te sucede, Nasruddin?», le preguntan sus amigos, mientras se congregan en torno a tan extraordinaria escena. «¿Qué te sucede?»

Las lágrimas van cayendo por el rostro de Nasruddin mientras susurra una respuesta: «Estoy buscando uno dulce», jadea.

Una de las cualidades más cautivadoras de Nasruddin es que habla con los dos lados de su boca. Como el deseo mismo, enseñar historias de Nasruddin siempre tiene dos aspectos. Nasruddin es un mentecato, pero también es un sabio. Sus acciones tienen un significado obvio, que contiene un tipo de enseñanza, y un significado oculto, que contiene otro. El primer significado se desprende de la historia inmediata. Es el mensaje básico del budismo. El deseo nunca aprende; nunca despierta. Incluso cuando no produce más que sufrimiento, persevera. Nuestra infatigable persecución del placer nos hace realizar algunas cosas terriblemente extrañas.

En realidad, Nasruddin está plasmando nuestras vidas: luchando contra la ola de la desilusión, seguimos buscando uno dulce. Como deben estar preguntándose sus amigos mientras le contemplan con incredulidad: ¿no sería mejor desistir? En esta versión de la historia Nasruddin está ofreciendo una enseñanza espiritual convencional. Nuestros deseos nos atan a la rueda del sufrimiento. Aun cuando sabemos que nos traen dolor, no podemos convencemos a nosotros mismos para dejar de aferramos a ellos.

La parábola de Nasruddin plasma la solución a la insaciabilidad del deseo así como el problema. No pone trabas a su deseo, a pesar de la angustia que le produce. En su llanto no cohibido, en su aceptación implícita de los peligros y de las promesas del anhelo, hay una sabiduría oculta relacionada con las exigencias implacables del deseo. Nasruddin no pide disculpas por su deseo; persiste impasible a pesar de su apreciable sufrimiento. Tampoco lucha con sus lágrimas en un esfuerzo por hacer que cesen. No interfiere ni con la tristeza ni con el anhelo. Aunque conocedor de su propia insensatez, Nasruddin no se resiste.

 

Abiertos al deseo

Mark Epstein

 

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