Ser lo bastante fuertes como para mostrarnos débiles


Si usted es una persona tenaz y con talento, es posible que con frecuencia dé la impresión de que ni siquiera sabe lo que es sentirse incompetente, inseguro o herido. Habrá personas que estarán encantadas de dar por cierta esa impresión y de contribuir a propagarla proyectando en usted una imagen de peñón de Gibraltar que no le permita tener sentimientos reales. De hecho, es muy probable que usted acabe desconectándose de sus verdaderos sentimientos detrás del embriagador escudo que proporciona esa imagen o aura. Los hombres suelen caer con mucha frecuencia en este aislamiento cuando están en el papel de padre en el seno de la familia, así como las personas que ocupan algún cargo que implica un cierto poder, en el ámbito que sea.

El hecho de pensar que, gracias a la práctica de la meditación, nos estamos haciendo más fuertes puede dar lugar a un dilema similar. Podemos empezar a creemos y a interpretar el papel del meditador perfecto e invulnerable que lo tiene todo bajo control y es lo suficientemente sabio como para afrontarlo todo sin quedarse atrapado en emociones reactivas. A lo largo de este proceso, puede que, hábilmente, detengamos nuestro propio desarrollo sin siquiera saberlo. Todos tenemos una vida emocional. Si nos desconectamos de ella, corremos un gran peligro.

Así pues, si advierte que se está forjando una imagen de invencibilidad, o de fuerza, o de que tiene un conocimiento especial o una sabiduría basada en sus experiencias meditativas, o le surgen pensamientos de que quizás está llegando a algún lugar en la práctica y empieza a hablar mucho sobre la meditación de un modo que le conduce a autopromocionarse y a alimentar el ego, lo mejor que puede hacer es prestar atención plena a ese modo de pensar y preguntarse si está huyendo de su vulnerabilidad o de alguna pena profunda que pueda tener o de algún tipo de miedo. Si realmente es fuerte, no hay necesidad de enfatizarlo, ni ante sí mismo ni ante los demás. Es mejor adoptar una táctica completamente distinta y llevar la atención allí donde más teme mirar. Esto puede hacerla permitiéndose sentir, o incluso llorar; permitiéndose el hecho de no tener que tener opiniones sobre todo, de no tener que mostrarse invencible o insensible ante los demás; permitiéndose estar en contacto con sus sentimientos y mostrarlos, de forma adecuada a las circunstancias. En lo que parece debilidad es donde reside realmente la fortaleza. Y lo que parece ser fortaleza es a menudo debilidad, un intento de ocultar el miedo; se trata de una máscara o de una fachada, por muy convincente que pueda parecerle a los demás o incluso a usted mismo.

PROPUESTA: Intente reconocer si se enfrenta a los obstáculos con dureza y de qué modo. Experimente con el hecho de ser suave cuando su impulso sea ser duro; con ser generoso cuando su impulso sea retener; con abrirle cuando su impulso sea encerrarse en sí mismo o desconectar emocionalmente. Cuando sienta dolor o tristeza, intente estar presente. Permítase sentir lo que sea que esté sintiendo. Note cualquier etiqueta que pueda poner al hecho de llorar o de sentirse vulnerable. Suelta toda etiqueta. Simplemente sienta lo que está sintiendo, cultivando la conciencia momento a momento y cabalgando las olas de arriba y abajo, de débil y fuerte, hasta que vea que todas ellas son inadecuadas para describir plenamente su experiencia. Permanezca con la experiencia en sí. Confíe en su fuerza más profunda: estar presente, estar despierto.

Mindfulness en la vida cotidiana

Jon Kabat-Zinn

foto 1: Miguel Angel Almagro villar

Soltar

La expresión «soltar» debe de ser uno de los clichés de la Nueva Era más utilizados del siglo. Se usa a diario, hasta la saciedad. Y sin embargo, se trata de una maniobra interna tan potente que merece la pena ser investigada, tanto si se trata de un cliché como si no. Hay algo de vital importancia que aprender de la práctica de soltar.

Soltar significa simplemente lo que dice. Constituye una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate de una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva o un deseo determinados. Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que éstos se van desplegando. Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos o de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de la mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando.

Pero no es sólo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. Para ser transparentes debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena.

Soltar sólo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados; si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. En esos momentos difíciles en que nos quedamos enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuándo nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio.

La calma, la visión profunda y la sabiduría sólo surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. Ésta es una afirmación verificable. Pruébelo, aunque sea sólo para divertirse. Compruebe por sí mismo si soltar cuando una parte de usted realmente quiere aferrarse no le proporciona una satisfacción más profunda que agarrar.

Mindfulness en la vida cotidiana

Jon Kabat-Zinn

foto:

José M. Rodríguez

Introducción al Mindfulness (Conciencia plena) II

 

Aceptación radical. El elemento esencial del mindfulness consiste en la aceptación radical, no valorativa, de la experiencia. Se trata de centrarse en el momento actual sin hacer ningún tipo de valoración y aceptando la experiencia como tal. Esto tiene un elemento de originalidad frente al proceder habitual en psicología. Lo positivo y negativo, lo perfecto e imperfecto en su diversos grados son aceptados como experiencias naturales, normales. Obviamente resulta más grato experimentar algo positivo pero se acepta como igualmente natural la vivencia de lo desagradable. Se trata, como se ha comentado anteriormente, de aceptar las experiencias, y las reacciones a ellas, como naturales, normales. El esfuerzo por no valorarlas y aceptarlas permite no rechazarlas: el malestar, el enfado, la contrariedad no es algo de lo que se haya de huir, sino que forman parte una experiencia humana que es preciso vivir. Esto contradice en gran medida ciertos tipos de mensajes que se transmiten socialmente, e incluso desde el ejercicio profesional de la psicología: el malestar es negativo, debe reducirse la ansiedad, controlar el estrés, reducir los pensamientos negativos, etc.

Elección de las experiencias. Puede pensarse que el mindfulness consiste en vivir con atención plena, reflexiva, no valorativa y aceptando lo que acontece de forma un tanto determinista. Esto no es así. Las personas elijen de forma activa en qué implicarse, sobre qué actuar, mirar o centrarse. Los objetivos, proyectos y valores de cada cual determinan sobre qué atender o prestar su tiempo e interés. En suma, el que una situación sea vivida y caracterizada como mindfulness no quiere decir que no sea elegida. Sí quiere decir que una vez que una situación es elegida debe vivirse y experimentarse tal y como es, de forma activa, aceptando todo lo que se dé.

Control.-. La aceptación supone una renuncia al control directo. No se busca que la persona controle sus reacciones, sentimientos o emociones sino que los experimente tal y como se producen. Esto no supone, naturalmente, que los elementos de regulación emocional, fisiológico y comportamental no se produzcan pero sí que no buscan de forma directa. No se trata de reducir (controlar) el malestar, el miedo, la ira o la tristeza, sino de experimentarlos como tal; en todo caso el efecto que pudiera producirse sobre esas emociones será de naturaleza indirecta. Este aspecto contrasta notablemente con los procedimientos psicológicos al uso y que buscan la reducción de la activación, el control de la ansiedad, la eliminación de los pensamientos negativos, etc.

Es en el interés por aceptar las sensaciones y los elementos vividos frente a controlarlos. Esto es especialmente relevante en el caso de las respuestas emocionales así como en el aquellos problemas derivados de disfunciones psicofisiológicas. Resulta especialmente evidente que algunas funciones no están sujetas a control verbal, por ello sólo mediante experimentación real se puede ejercer un cierto aprendizaje sobre ellas y esto sólo es posible si hay una buena experimentación, una buena observación mindfulness. El intento voluntario por controlar la respiración produce, muy probablemente, disnea. Quien tiene un ataque de pánico… y pretende controlarlo voluntariamente probablemente obtenga el efecto contrario. Solo hay una forma de “controlar” esas actividades involuntarias e indeseadas: dejándolas estar, dejando que ocurran, observándolas con la menor interferencia posible, dejando que se autorregulen automáticamente, que realicen su tarea los servomecanismos biológicos responsables de su actividad

 

Miguel A. Vallejo Pareja.

UNED. Facultad de Psicología. España. E-mail: mvallejo@psi.uned.es

Fotos:

Jose Manuel Gutierrez

 

Introducción al Mindfulness (Conciencia plena) I

 

Mindfulness es un término que no tiene una palabra correspondiente en castellano. Puede entenderse como atención y conciencia plena, presencia atenta y reflexiva. Los términos atención, conciencia y referencia al momento concreto están incluidos de lleno en su significado. Viene a plantear, por tanto, un empeño en centrarse en el momento presente de forma activa y reflexiva. Una opción por vivir lo que acontece en el momento actual, el aquí y el ahora, frente al vivir en la irrealidad, el soñar despierto.

Para terminar por acotar, si quiera de forma preliminar, el concepto hay que añadir que esa atención, conciencia y reflexión es de carácter no valorativo. Es una experiencia meramente contemplativa, se trata de observar sin valorar, aceptando la experiencia tal y como se da. Es una observación abierta e ingenua, ausente de crítica y valencia. Se diría que es una forma de estar en el mundo sin prejuicios: abierto a la experiencia sensorial, atento a ella y sin valorar o rechazar de forma activa y taxativa dicha experiencia.

El mindfulness es considerado desde diversas perspectivas como un fin en sí mismo, como una filosofía de vida o modo de conducirse en ella. En esta óptica se considera el mindfulness como un tipo de meditación inserta en la cultura oriental y en el budismo en particular (Gremer, 2005), el ideal Zen de vivir el momento presente.

ASPECTOS ESENCIALES DE LA TÉCNICA

El mindfulness puede entenderse, como se ha señalado más arriba, como una forma de implicarse en las distintas actividades habituales, sean estas problemáticas o no. Se puede considerar, por tanto, como una habilidad que permite no sólo un punto de vista distinto sino que implica también conductas concretas.

Veamos sus elementos esenciales y su grado de innovación.

Centrarse en el momento presente.- Se trata de centrarse y sentir las cosas tal y como suceden, sin buscar su control. No se centra en un pensamiento para cambiarlo por uno positivo. Se centra en un pensamiento o actividad, la que se proponga, en sí misma, sin ánimo de control sobre ella. ¿Qué utilidad puede tener esto? La de aceptar las experiencias y sensaciones tal y como se dan. Podría decirse que, de modo similar a como operan las técnicas de exposición, se le pide a la persona que permanezca en una determinada situación sintiendo lo que allí suceda. Esta actitud permite que lo que ha de suceder o sentir acontezca de un modo completo. El vivir lo que está sucediendo en el momento supone dejar que cada experiencia sea vivida en su momento. Se trata de no perder la experiencia presente en su sustitución por lo que tendría que suceder.

Apertura a la experiencia y los hechos.- El centrarse en lo que sucede y se siente en el momento presente permite poner por delante los aspectos emocionales y estimulares frente a la interpretación de ellos. La fuerza del lenguaje, del pensamiento, para tamizar y vestir lo que se ve y lo que se siente, es evidente. Esta influencia es tal que frecuentemente lo verbal sustituye a lo real, homogenizando, uniformando y conformando la experiencia abierta a marcos predefinidos y estereotipados. Esto supone, ante todo, una falsificación de la experiencia y la pérdida de la riqueza que supone la variabilidad de los fenómenos perceptivos y emocionales. La persona que contempla un cuadro sólo es capaz de percibir (sentir) en la medida en que es capaz de mantenerse abierto a las cosas que le sugiere dicho cuadro. Esta observación debe guiarse, en lo principal, por ella misma. Dejando que unas sensaciones lleven a otras de modo natural. Las interferencias verbales (prejuicios), o el “estar en otro sitio”, solo contribuyen a adulterar la experiencia.

 

Miguel A. Vallejo Pareja.

UNED. Facultad de Psicología. España. E-mail: mvallejo@psi.uned.es