DESARROLLO, MODERNIDAD Y PROGRESO

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Navegábamos a lo largo de la costa, nos deteníamos, desembarcábamos soldados , continuábamos, desembarcábamos empleados de aduana para recaudar impuestos en algo que parecía un páramo olvidado por Dios, con una casucha con planchas y un asta podrida so­bre ella; desembarcábamos aun más soldados, para cui­dar de los empleados de aduana, supongo. Algunos, por lo que oí decir, se ahogaban en el rompiente, pero, fue­ra o no cierto, nadie parecía preocuparse demasiado. Eran arrojados a su destino y nosotros continuábamos nuestra marcha. La costa parecía ser la misma cada día, como si no nos hubiésemos movido; sin embargo, deja­mos atrás diversos lugares, centros comerciales con nom­bres como Gran Bassam, Little Popo; nombres que parecían pertenecer a alguna sórdida farsa representada ante un telón siniestro. Mi ociosidad de pasajero, mi aislamiento entre todos aquellos hombres con quienes nada tenia en común, el mar lánguido y aceitoso, la oscuridad uniforme de la costa, parecían mantenerme al margen de la verdad de las cosas, en el estupor de una penosa e indiferente desilusión…

Durante algún tiempo pude sentir que pertenecía aún a un mundo de hechos naturales, pero esta creencia no duraría demasiado. Algo iba a encar­garse de destruirla. En una ocasión, me acuerdo muy bien, nos acercamos a un barco de guerra anclado en la costa. No había siquiera una cabaña, y sin embargo disparaba contra los matorrales. Según parece los fran­ceses libraban allí una de sus guerras. Su enseña flotaba con la flexibilidad de un trapo desgarrado. Las bocas de los largos cañones de seis pulgadas sobresalían de la parte inferior del casco… En la vacía inmen­sidad de la tierra, el cielo y el agua, aquella nave dis­paraba contra el continente…

Nada podría ocurrir. Había un aire de locura en aquella actividad; su contemplación producía una impresión de broma lúgubre. Y esa impresión no desapareció cuando alguien de a bordo me aseguró con toda seriedad que allí había un cam­pamento de aborígenes -¡los llamaba enemigos!-, oculto en algún lugar fuera de nuestra vista.   

Hicimos escala en algunos otros lugares de nombres grotescos, donde la alegre danza de la muerte y el comercio con­tinuaba desenvolviéndose en una atmósfera tranquila y terrenal, como en una catacumba ardiente.

»Al fin se abrió ante nosotros una amplia extensión de agua. Apareció una punta rocosa, montículos de tie­rra levantados en la orilla, casas sobre una colina, otras con techo metálico, entre las excavaciones o en un de­clive…

Pasé junto a un caldero que estaba tirado sobre la hierba, llegue a un sendero que conducía a la colina. El camino se desviaba ante las grandes piedras y ante unas vagonetas tiradas boca abajo con las ruedas al aire. Faltaba una de ellas. Parecía el caparazón de un animal extraño. Encontré piezas de maquinaria desmantelada, y una pila de rieles mohosos… A la derecha oí sonar un cuerno y vi correr a un grupo de negros. Una pesada y sorda detonación hizo estremecerse la tierra, una bocanada de humo salio de la roca; eso fue todo. Ningún cambio se advirtió en la superficie de la roca. Estaban construyendo un ferrocarril. Aquella roca no estaba en su ca­mino; sin embargo aquella voladura sin objeto era el único trabajo que se llevaba a cabo.

 

El corazón de las tinieblas

Joseph Conrad

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LA VIRTUD, EL HONOR Y LA LEY SE HAN ESFUMADO DE NUESTRAS VIDAS

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Hoy en día, ya la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley… La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país.

La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas.

(Declaraciones de Al Capone al periodista Cornelius Vanderbilt Jr.

Entrevista publicada en la revista Liberty el 17 de octubre de 1931,

unos días antes de que Al Capone marchara preso.)

 

Patas arriba

Eduardo Galeano

SI NO LE GUSTA SU VIDA, CONTRATE UNA FALSA

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Si creíamos que lo habíamos visto todo en este universo virtual en constante expansión, estábamos equivocados. Las redes sociales supusieron un cambio de paradigma radical en la forma de comunicarse, pero alrededor de las mismas no dejan de desarrollarse tendencias y aplicaciones sorprendentes.

 

La última, nacida en Brasil, consiste en la posibilidad de contratar, por un módico precio, una pareja falsa para simular una relación en Facebook. La startup brasileña que ofrece este servicio se llama Namorofake, y tras el éxito entre el género masculino ya han anunciado el lanzamiento de una versión de la plataforma que también permita a las chicas contratar novios falsos para la red social.

 

El principal enfoque de su idea de negocio es crear una apariencia de éxito en los perfiles de los usuarios que contratan una de estas parejas simuladas. Es decir, presumir. De esta manera, no existe ningún tipo de contacto o interacción en la vida real, ni a través de videoconferencia o ni siquiera a través de un chat. El único objetivo simular y aparentar, en muchas ocasiones con una estrategia subyacente definida por el usuario, como la de crear celos en un pretendiente concreto.

 

El modelo de negocio se basa en los pagos de los usuarios, que por 10 dólares, por ejemplo, podrán contratar una novia durante tres días, con derecho a la recepción de tres comentarios de su pareja falsa en el perfil público de la red social. Por 99 dólares la relación podrá durar hasta un mes, y en este caso el servicio incluye la posibilidad de cambiar el estado sentimental en Facebook, para que conste que el usuario ha dejado de estar soltero y ha iniciado una relación.

 

Existen diferentes precios y opciones, pero una de las más llamativas es la posibilidad de contratar una expareja falsa para crear una corriente de celos en el perfil del usuario, con la publicación de una serie de mensajes pactados. La opción más cara, con un precio de 120 dólares, permite el acceso durante un mes a las parejas falsas más atractivas registradas en el servicio.

 

Elconfidencial

David Pérez

DIOS PROHÍBE QUE LA GENTE VEA AL SERVICIO

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Miro alrededor del callejón donde estoy. Es una parte del restaurante que los clientes nunca ven. Es literalmente el culo del restaurante, por donde entran las mercancías y sale la basura. También es un lugar donde los tipos cansados se toman un respiro antes de volver a su interminable rutina. Algunos restaurantes obligan a sus empleados a usar la puerta de servicio para entrar y salir del edificio. Dios prohíbe que la gente vea al servicio.

Hace unos años vi un cuadro de Catalina la Grande, zarina de Rusia, viajando por un campo invernal de Crimea en su trineo imperial. En el cuadro había grupos de aldeanos bien alimentados delante de sus casas, de aspecto próspero, que saludaban a la soberana cuando pasaba. En otra sección del cuadro se revela que las casas son, en realidad, fachadas baratas erigidas para inducir a la zarina a creer que sus súbditos son felices. Ocultos tras las fachadas de cartón piedra están los auténticos aldeanos, hambrientos, harapientos y muertos de frío bajo el cruel invierno ruso. Dice la leyenda que el general Potemkin, el gobernador militar de Crimea, había hecho construir esos falsos poblados para ganarse el favor de la zarina; de ahí su nombre: pueblos Potemkin.

Mientras miro alrededor del sucio callejón, recuerdo que los restaurantes son versiones culinarias de los pueblos Potemkin; fachadas de oropel que ocultan una realidad caliente y turbulenta que los clientes nunca quieren ver. Detrás del esplendor exterior de todo restaurante, hay un vertedero desbordado en la trastienda. Los clientes no quieren saber que son inmigrantes ilegales quienes cocinan sus platos o limpian sus mesas. No quieren saber que el personal está trabajando para un ogro amoral. No les importa si las chicas que limpian mesas no tienen dinero suficiente para comer o si su camarero las está pasando canutas para pagar el alquiler.

A la mayoría de los clientes solo les importa una cosa: que les sirvan lo que quieren cuando lo quieran. Ven a los chefs famosos en la tele y creen que los restaurantes son lugares mágicos ideados para masturbar sus papilas gustativas. No se dan cuenta de que los restaurantes son lugares donde la gente se esfuerza para ganarse la vida. He descubierto que la mayoría de las personas son cobardemente indiferentes a lo que sucede en los callejones de la prosperidad, sea detrás de un restaurante o en un Wall Mart.

Tiro el cigarrillo al suelo y lo piso con el talón. Tal vez no debería ser tan duro con la gente. Aún me quedan ciertas pretensiones de superioridad moral de los días de seminario. Yo también quiero olvidarme de mis problemas cuando salgo a comer, pero no me comporto como un auténtico cabrón.

 

Confesiones de un camarero

Steve Dublanica

NO DEJEMOS QUE NOS INOCULEN EL MIEDO I

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Nuestras sociedades son hoy mucho más seguras que en épocas pasadas, por mucho que sintamos lo contrario; sobre todo si nos remontamos a etapas  en las que  el ser humano podría ser merendado – o cenado- con cierta facilidad por sus depredadores, y donde su esperanza de vida no iba mucho más allá de la veintena de años. Pero a pesar de la continua mejora de nuestra seguridad, seguimos teniendo miedo…mucho miedo; incluso podemos afirmar que actualmente vivimos en el tiempo de la ansiedad, del temor inútil.

Tenemos miedo a un atentado terrorista, tenemos miedo viajar en avión, tenemos miedo a un accidente de tráfico, tenemos miedo a padecer un cáncer, tenemos miedo al SIDA, tenemos miedo a perder el trabajo, tenemos miedo a que nos deje nuestra pareja, tenemos miedo a que nuestro hijo tenga malas amistades, tenemos miedo a hacer el ridículo, tenemos miedo a engordar, tenemos miedo a envejecer, tenemos miedo a la muerte, tenemos miedo a vivir…Un miedo que en estos últimos tiempos se fomenta también desde el propio sistema para desviar la atención de la realidad y dirigirla al propio ciudadano: si no piense en como los informativos se llenan con noticias de ataques y amenazas terroristas, con posibles pandemias…

anciana-gripe-porcinaTranquilicémonos  por un momento, no dejemos que la corriente nos arrastre, e intentemos clarificar nuestras ideas.El miedo es un proceso que nos permite detectar el peligro y nos urge a adoptar respuestas que aumenten nuestras posibilidades de superarlo. Por lo tanto, es un mecanismo que nos ha permitido sobrevivir hasta ahora; pero es posible que, en el tipo de ambiente donde vivimos actualmente, se haya quedado obsoleto: que esté dando muchos más problemas que ventajas.

La probabilidad de que ataque, u otro tipo de amenaza violenta es ínfima. La mayoría de nuestros peligros se circunscriben a interacciones sociales, donde la amenaza a nuestra integridad es muy baja (tengan en cuenta la facilidad con la que cualquier compañía le hace un seguro de vida); pero así y todo, esa poderosa sensación que surge de nuestro interior: la experiencia del miedo, sigue intacta. Lo que en otro tiempo permitía a nuestro cuerpo prepararse para el ataque, defensa o huida, se muestra ahora absolutamente arcaica y contraproducente: descargas de adrenalina, aumento de la tensión sanguínea… para qué… Por que estemos en un atasco y podamos llegar tarde al trabajo debemos estar listos a saltar al cuello de alguien. ¿Podemos atacar o huir del  exceso de coches?

Porque la mayoría de los miedos que nos acosan carecen fundamento, la mayoría de nuestras respuestas son desproporcionadas, y realmente no nos ayudan a enfrentarnos adecuadamente a nuestra realidad. Al contrario nos ponen tensos, enturbian nuestro entendimiento: llevándonos a respuestas precipitadas, inadecuadas.

NO DEJEMOS QUE NOS INOCULEN EL MIEDO II

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Gran cantidad de personas actualmente vivencian sus miedos de una manera absolutamente desmedida. De una manera muy poco adaptativa. Sentir un temor excesivo o inapropiado es la base para una gran parte de los problemas psicológicos actuales:  sentir una ansiedad constante, muy generalizada, con temor a todo lo que puede ocurrir; o miedos específicos como las fobias, con pánico desproporcionado a animales, objetos o situaciones determinadas; o revivir experiencias de terror constantemente después de un episodio traumático, aunque ya haya pasado mucho tiempo de su ocurrencia; o la ejecución de rituales y comportamientos compulsivos para evitar la angustia que nos producen el temor al contagio, los gérmenes, la suciedad; o  miedo a la interacción social, como hablar en público, establecer una conversación con una persona desconocida, o simplemente a asistir a un lugar público… Todos estos ejemplos nos muestran cuan extenso es el paisaje de este tipo de trastornos; y cuanto de ellos existe en nosotros.

Puede que una parte de estos temores tengan una base genética y estén vinculados a nuestra propia constitución fisiológica: muchas características de personalidad que tienen que ver con estas conductas de temor (por su exceso: ser tímido, introvertido, o en el polo contrario: buscador de emociones…) muestran ciertas correlaciones en estudios con gemelos, o con la presencia de ciertas sustancias endógenas en nuestro organismo. Pero a pesar de ello, siempre tenemos recursos para poder enfrentarnos al miedo con éxito.

Si consideramos que estas vivencias dificultan significativamente nuestra vida social o profesional no debemos dudar en consultar a un profesional.

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En el campo de la terapia, las técnicas de relajación, practicadas adecuadamente, son un buen comienzo para poder enfrentarnos a la ansiedad, al temor o a la angustia; ya que además de rebajar nuestro estado de crispación, podrán contribuir a que experimentemos nuestro mundo de una manera más centrada y racional. Aunque no cabe duda que las técnicas de afrontamiento guiadas por un profesional son las mejores.

Son infinitos los libros y técnicas: yoga, meditación, terapias cognitivas, conductuales…Una opción óptima sería conseguir una orientación profesional para el camino elegido. La mayoría de estas técnicas producen un gran efecto en nuestra manera de sentirnos; y aunque requieren cierta disciplina, sus beneficios pueden mejorar significativamente nuestra vivencia con los demás y con nosotros mismos. Anímese. No deje que el temor le reste un milímetro de felicidad.

Nuestras creencias, valores y compromisos son esenciales en nuestra percepción y vivencia de la realidad. Muchas veces nuestras necesidades de éxito, la angustia por quedar bien, nuestra sensación de que valemos poco… están en la base de muchas vivencias angustiosas. Vencer a nuestros temores requiere de un cambio en nuestra manera de enfocar al mundo y a nosotros mismos, y sobretodo de enfrentarnos a nuestros miedos. Mejorar nuestra vida necesita el esfuerzo de  revisar nuestra manera de concebirla.